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  • Foto del escritorSanta Cruz Nuestro Lugar

11 años sin el Padre Juan y un legado para toda la vida

En 1966, Juan Barrio Herrero llegó a Río Gallegos, destacándose a través de los años por el ejercicio sacerdotal y misionero. El “Padre Juan” como generaciones lo conocieron tuvo un rol social preponderante en la comunidad.

De nacionalidad española, arribó a la ciudad con solo 3 años de experiencia clerical luego de ser ordenado sacerdote de su Segovia natal en el año 1963, más allá de su “novatez” rápidamente logró destacarse por su calidad humana y acciones solidarias para con los más necesitados: una constante a lo largo de sus 47 años de servicio en Río Gallegos que lo llevaron a ser reconocido, respetado y amado por fieles y la comunidad en general.

 

Aunque se lo relacionó principalmente con la Parroquia San José Obrero, lo cierto es que las capillas y parroquias de toda la ciudad lo conocieron por su impronta inquieta, comprometida y sensible, miles han recibido los distintos sacramentos católicos de parte del Padre Juan y muchos más aun el acompañamiento cálido de la persona en momentos difíciles.

 

En ese sentido, así como las anécdotas nos llevan a instantes y contextos que pintan de cuerpo entero a las personas, la que sigue es una con la que seguramente más de una persona se sentirá identificada.

 

15 de abril del 2013

"Iba a inscribir a mi hija a una escuela religiosa, me pedían que esté bautizada (no lo habíamos hecho antes porque pensamos que sería bueno que ella decida cuando comprenda la situación). Fui a una parroquia y un cura me recibe preguntando si es que yo estaba bautizado, había hecho la comunión, la confirmación, etc. Lo mismo para la madre y padrinos. Al notar mi duda me dijo: “Suerte con el bautismo. Una lástima para tu nena el padre que tiene”.

Yo cerré la boca y desilusionado me fui de la parroquia saludando amablemente a dicho señor.

Me dijeron que lo fuera a ver al Padre Juan y eso hice, con pocas expectativas, pero fui. Al consultarle al Padre Juan me dijo que si, que él la bautizaba sin mayor requisito a que participase del Vía Lucís ya que quería que colabore en las estaciones y acompañe a los peregrinos. Participe alegremente y conocí lo que eran las estaciones de la Resurrección y una vez finalizado el evento le comenté el episodio de la otra parroquia.

Me dijo: “Ese es un problema que tenemos hoy en la Iglesia, nosotros tenemos que dar soluciones, no poner trabas, abrir las puertas de la Iglesia, tal vez no te vuelvas devoto pero tu hijita sí. Si te abrimos las puertas, conocerás lo que Dios tiene para decir sino es imposible”. Palabras más palabras menos, me contó del trabajo social que hacía, en el Barrio Madres en Lucha, en el San Benito, en la Parroquia San José Obrero, con Cáritas y otros más.

Después de eso cada vez que tenía algo para donar se lo llevaba a él, cuando tenía un aniversario de fallecimiento se lo pedía a él, algún bautismo lo recomendaba a él…

Creo que esta anécdota lo pinta de cuerpo entero, un hombre sencillo, predispuesto y sobre todo solidario.

Hoy se fue un servidor de Dios, lo extrañaremos pero su ejemplo es un legado de los que de cierta forma lo hemos conocido.

Sencillamente gracias Padre Juan y eterno descanso a su admirable alma…”

 

A los 86 años de edad, falleció el 15 de abril de 2013 luego de permanecer internado producto de una caída de la que no pudo recuperarse. Hoy sus restos descansan en la que ha sido su casa, la Parroquia San José Obrero, donde recibió, acompañó y ayudó a miles de riogalleguenses que recuerdan el legado imborrable del Padre Juan Barrio Herrero.  

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