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Censuraron a un periodista de Canal 9

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 4 minutos
  • 3 Min. de lectura

La cosa se puso espesa en la comunicación oficial del gobierno de Santa Cruz. Espesa mal. Tanto, que días atrás pasó algo inédito en la gestión de Claudio Vidal: un acto institucional de peso —la jura de nuevos ministros, nada menos— se transmitió solo por las redes sociales del gobernador. Sin prensa. Sin micrófonos. Sin cámaras amigas ni enemigas. Y, por supuesto, sin Canal 9, el canal estatal.


Sí, querido lector de "Santa Cruz nuestro lugar", leíste bien: el canal del Estado mirando el acto del Estado… por Instagram.


La bronca no tardó en explotar al aire. Julio Agustín Seguí, conductor de 9N Central, tuvo que salir a poner la cara y pasar algunos recortes del acto, con imagen pixelada y audio de feria americana. Un papelón. Y lo dijo. Con respeto, sin gritar, sin adjetivos gruesos. Simplemente señaló lo obvio: que los medios tradicionales fueron deliberadamente corridos de la cobertura de una ceremonia institucional.


Parece que eso ya es demasiado.


Porque el trasfondo —dicen— no es técnico ni casual. La decisión de transmitir ciertas actividades solo por redes tendría una razón mucho más terrenal: evitar que el gobernador quede expuesto a preguntas incómodas. Nada de repreguntas, nada de temas “inquietantes”. Todo controlado, todo editado, todo en plano corto y sonrisa ensayada.


El cerebro detrás de esta genialidad sería Ringo Juniors González Burgos, asesor, fotógrafo personal y "comunicador" omnipresente del gobernador. Personaje controversial si los hay. Expulsado del gobierno por un tiempo, luego reincorporado como si nada, y ahora decidido a acaparar la botonera completa de la comunicación oficial. Un hombre que ya tuvo choques frontales jodidos con el secretario de Medios Sergio Bucci y con el flamante presidente de Canal 9, Marcelo Zacarías, justamente por su obsesión de manejar el mensaje, marcar enemigos y fogonear campañas de desprestigio contra opositores.


Hasta ahí, una interna más. Pero lo grave vino después.


Porque tras ese comentario al aire, una ministra que ya todos bien conocemos levantó el teléfono y pidió que Seguí dejara de conducir el noticiero central. Así, sin anestesia. El propio periodista lo contó en redes, con un descargo que arde:


“Me parece que una ministra debe tener problemas mayores de que ocuparse y solucionar, antes que adoctrinar a un periodista del canal estatal.”


Más claro, echale agua. Seguí no es funcionario, no es vocero, no es militante. Es empleado de planta estable. Periodista. Y aun así, fue apartado. ¿Por decir que no dejaron entrar a la prensa? ¿Por mostrar imágenes de mala calidad que el propio gobierno produjo?


Él mismo lo dice: “No me quiero imaginar qué hubiera pasado si hubiese hecho una crítica en serio.”


El resto del descargo duele todavía más. Pasó más de una semana, nadie lo respaldó, nadie lo acompañó. Silencio administrativo, silencio político, silencio corporativo. Y la frase que debería quedar grabada en la puerta del canal:


“Hoy me censuraron a mí, mañana le puede tocar a cualquiera.”


Y ya que estamos, Seguí también repartió para todos lados. Especialmente para el sindicato:


“Un saludo especial a los muchachos del SATSAID Santa Cruz, que deben estar muy ocupados armando los kits escolares y no tuvieron tiempo de interiorizarse del tema…”


Ironía fina. De la que molesta.


Esto no es una anécdota. No es un enojo personal. Es una alarma. Cuando un gobierno decide hablar solo consigo mismo, cuando transforma la comunicación institucional en un monólogo de redes sociales y castiga al que se sale medio centímetro del libreto, el problema no es el periodista. El problema es el poder.


Y en Santa Cruz, parece que algunos confunden comunicar con esconder, informar con obedecer y un canal estatal con una cuenta personal de Instagram.

Por @_fernandocabrera


 
 
 
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