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El Banco Santa Cruz se cae a pedazos

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 11 minutos
  • 2 Min. de lectura

Arranca la novela y ya pinta fulera. ¿Cinco lucas de damnificados? Chamuyo. Se habla de diez lucas… pero pará la moto: esa banda es la que ni siquiera puede rearmar la deuda. O sea, miles de laburantes mirando cómo el agujero se agranda mientras la entidad está desbordada, tirando manotazos y sin dar pie con bola.

La “ofertita” que vendieron como alivio es para aplaudir con guantes de boxeo: 50%. Sí, cincuenta. En paralelo, a cualquiera le clavan cerca de 38%. Negociación de lujo: vas a “mejorar condiciones” y terminás pagando más caro. Un papelón con todas las letras.


¿El verso de los dos meses de aire? Puro humo. A un montón de gente le vaciaron la cuenta completa, y los recargos siguen corriendo como si nada. Resultado: bola de nieve, angustia y cero respuestas.


Y ahora lo más picante: créditos gigantes que aparecen de la nada, sin firma ni consentimiento. De yapa, transferencias hechas por homebanking que no impactan en los plásticos. ¿Consecuencia? Te etiquetan como deudor, te retienen hasta el 80% del ingreso, suman punitorios y te bloquean la Visa. Un loop infernal: te cobran, te hunden y después te señalan.


El trato al público, otro desastre. Antes ibas, cargabas el trámite en una pantalla y te llamaban ordenado al box. Hoy es una fila eterna, explicás tu drama, te tiran un numerito y cuando por fin te toca… te encajan un WhatsApp para que te conteste un bot. Claves, validaciones, códigos… parece un captcha infinito. Atención “moderna” que te deja más solo que perro en cancha de bochas.


Acá no hay grises: chupar el 100% del haber es ilegal. Convertirte en moroso por errores propios, escandaloso. Entonces, ¿quién se hace cargo? ¿Quién responde por préstamos fantasma, pagos que desaparecen, tasas delirantes y este sistema que te empuja a abandonar por cansancio?


Esto ya no es desprolijidad: es un quilombo estructural. Y en el medio, miles de santacruceños —los que ni siquiera pueden refinanciar— remándola contra un banco que, en vez de dar una mano, te pega otra patada.


Una verga. De manual.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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