El elevado costo de vida en Santa Cruz
- Santa Cruz Nuestro Lugar

- hace 1 día
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En Santa Cruz ya no se mide la pobreza con estadísticas: se mide con el carrito del súper. Si entra todo, sos millonario. Si no, bienvenido al club.

Arranquemos por lo básico —aunque de básico no tenga nada—: a principios de 2026 una familia tipo necesita más de un palo y medio por mes para no ser pobre. Sí, leíste bien. Entre 1,5 y 1,7 millones de pesos para simplemente existir sin que el Estado te mire con cara de “che, ¿probaste ser menos pobre?”. Y eso sin lujos, eh: nada de delivery, nada de escapadita, nada de “me compro una campera porque hace frío”. Frío hay, plata no.
La Canasta Básica Alimentaria ya pasó los 700 mil pesos en Río Gallegos. Setecientas lucas para no ser indigente. O sea, para comer y no morirte. No para comer bien, no para comer sano: para no desaparecer del mapa. Si querés agregar una fruta que no sea una manzana golpeada, avisá en el banco porque te tienen que ampliar el límite.
Mientras tanto, la inflación regional sigue haciendo flexiones: más del 30% interanual a fines de 2025. Patagonia power. Siempre primeros en algo, aunque sea en ver cómo el sueldo se convierte en souvenir. Acá cobramos y a los dos días estamos recordando con nostalgia cuando éramos asalariados.
¿Y por qué todo es tan caro? Bueno, porque vivimos lejos, porque el camión, porque la logística, porque el viento, porque el sur, porque “ustedes ganan más”, porque sí. Alquileres que parecen cotizar en dólares emocionales, servicios que te llegan con un numerito que te hace pensar si no conviene volver a las velas, y transporte que te cobra como si cada colectivo viniera con chofer de Fórmula 1.
Santa Cruz lidera el ranking de precios en la Patagonia, y la Patagonia lidera el ranking nacional. Campeones del costo de vida. Copa levantada con una mano, la otra buscando monedas en el bolsillo. Todo carísimo, menos el discurso. Ese sigue siendo barato, reciclado y con olor a naftalina.
Así estamos: viviendo en la provincia donde ser pobre es carísimo, donde laburar no te salva y donde la canasta básica ya no es una referencia económica sino una prueba de resistencia psicológica. Acá no se pregunta “¿cuánto ganás?”, se pregunta “¿hasta qué día del mes llegás?”. Y la respuesta, casi siempre, es un silencio incómodo.
Por @fernandocabrera




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