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  • Foto del escritorFernando Cabrera

El error de buscar química en el otro

El sábado pasado, mi caminata nocturna desembocó en un local de la esquina de Zapiola y Vélez Sarsfield. Entré al pub, buscando refugiarme del frío galleguense con una buena cerveza (bue... No tanto porque alcohol no tomo).

Me acomodé en la barra, y noté que el lugar estaba repleto de almas buscando compañía. De fondo, una melodía familiar comenzó a sonar. "Hay química entre los dos...", rezaba el estribillo de la archiconocida canción de Banda de Turistas. Y no pude evitar sonreír ante la ironía. Observé a mi alrededor, asombrado por la cantidad de gente vestida para impresionar, con la esperanza colgando de sus hombros como una pesada capa invisible.




 

Era evidente que todos estaban allí buscando esa reacción, ese encuentro fortuito que prometen las canciones y las películas. Pero yo, reflexionando sobre la química y la alquimia en las relaciones, no podía dejar de pensar en cuántos de los allí presentes estarían dispuestos a ir más allá del primer encuentro, a construir algo más profundo, algo alquímico.




 

Además, me preguntaba cuántas de esas conexiones serían efímeras, cuántas se convertirían en historias para contar, y cuántas solo en recuerdos borrosos de una noche en el pub. Y así, entre sorbos de agua mineral, pasé ese instante contemplando la eterna búsqueda de la química en un mundo que parece haber olvidado el arte de la alquimia.

 

Media hora después, hurgando en mi billetera para pagar la cuenta y huir despavoridamente de ese laboratorio, la barwoman que me conocía de otra mala vida pasada, observó: "no acabás de llegar y ya te estás yendo". "Es que en este lugar me siento un gas noble que no reaccionará a nada", le dije, cayendo en la cuenta de que mí chiste era muy demasiado recontra ñoño.



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