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El gobernador Vidal visitó Río Gallegos y se horrorizó por las inundaciones

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • 30 jul
  • 5 min de lectura

El gobernador Claudio Vidal visitó nuevamente Río Gallegos y declaró que esa “falta de planificación urbana genera que cuando tenemos inviernos muy complejos quede toda la ciudad de Río Gallegos bajo agua”. Mirá vos, nos viene a descubrir la pólvora. Y metió primera nomás: “es el resultado de las malas políticas del pasado que todavía las tenemos en el municipio: te inauguran un pavimento que vale millones y al mes siguiente, a los 30 días, está reventado por la mala calidad, por el trabajo mal realizado”. Hermoso el casete para la foto, pero el diagnóstico le queda recontra enorme.

Aseguró sin despeinarse que “estas son las cosas que nosotros tenemos que terminar de cambiar y que no vuelvan a gobernar nunca más los que generaron todo este desastre, porque después critican, después quieren dar consejos, pero gobernaron más de 30 años y lo único que hicieron fue robarle al pueblo de Santa Cruz”. Y remató haciéndose el picante con un “mirá los resultados. Esto no es un invento, esto es la realidad. La realidad que nos toca vivir, la que dejó la política anterior”. Pará un poco, che. Nos quiere vender la chicana política barata mientras los vecinos tienen la marea adentro del comedor culpando solo al asfalto mal hecho.


Encima clava el discurso del "Estado presente" y dice que “nunca hay que alejarse de la gente, en momentos difíciles hay que estar presentes, escuchar y acompañar a quienes la están pasando mal”, prometiendo patear barrios. Armó un operativo grandilocuente metiendo a Servicios Públicos, Desarrollo Social, el CAP, Distrigas, el IDUV y un par de empresas privadas con bombas para chupar agua, tirando flores de que “todos entendieron que hay que trabajar en equipo para estar al lado de los vecinos”. Mucha caravana, mucho camión, pero cero noción de fondo.


Pero claro, el gobernador siempre en modo turista no conoce que cada tanto, por lluvia o deshielo, Río Gallegos vuelve a quedarse bajo agua después de un chaparrón de morondanga que no es ni bíblico ni histórico, pero que alcanza de sobra para transformar calles en ríos y veredas en lagunas. El querido lector de Santa Cruz nuestro lugar sabe que esto pasa hace décadas. ¿Pero sabe el gobernador por qué pasa realmente? No, no tiene la menor idea.


Lo que Vidal desconoce por completo es que la capital santacruceña está mal pensada desde el arranque y que el problema no es solo si el pavimento es finito o grueso. El gobernador ignora que el suelo de Gallegos es arcilloso a más no poder, asentado sobre antiguos cauces de marea tapados a puro cemento. Lo que no sabe el mandatario es que no hay infraestructura tradicional que resista ni obra hidráulica común que alcance cuando caen dos gotas, porque el agua simplemente no tiene por dónde filtrar ni escurrirse. Vidal ignora olímpicamente la hidrogeología local: ya en los ’60 hubo técnicos que avisaron cómo debía encararse la ciudad entendiendo la naturaleza de este terreno, pero nadie los escuchó.


El gobernador tampoco sabe que existen fotos aéreas de los ’40 que muestran algo que hoy parece ciencia ficción: la Laguna Ortiz conectada de forma natural con el río, y la María la Gorda llegando hasta Estrada y Zapiola. Todo eso formaba parte del drenaje natural que la geografía nos dio. Pero al levantar calles rectas en ángulos perfectos —una cuadrícula rígida— se rompió el escurrimiento natural. Lo que Vidal ignora es que podés poner el mejor hormigón del mundo, pero si tapás las arterias por las que el suelo respira y mandás barrios a zonas bajas, no hay tubería ni canalización estándar que aguante la presión.


Lo que el gobernador desconoce es la lección de historia de hace más de un siglo. Cuando la ciudad apenas pasaba los 2 mil habitantes, los gallegos y chilenos se metieron a pico y pala a abrir zanjas que llevaban el agua directo a la ría. No había planos digitales, ni presupuestos millonarios, pero sí una lectura perfecta del terreno. Las zanjas bajaban por la 9 de Julio hasta Moyano, cruzaban Mariano Moreno, Avellaneda, Urquiza… eran verdaderas autopistas de agua. Con eso, el pueblo entendía la tierra y se las rebuscaba mil veces mejor que ahora.


Después vinieron las décadas donde se tapó todo con tierra: se achicaron lagunas, se borraron chorrillos y se construyó arriba de vasos comunicantes naturales. El gobernador ignora que hoy las lluvias encuentran una ciudad sellada. Por eso, tirarle toda la culpa a la calidad del asfalto o a la gestión anterior es de una ignorancia supina: lo que Vidal no sabe es que el suelo galleguense tiene sus propias reglas y que cualquier piso de cemento va a colapsar si no se respeta la composición arcillosa de la zona.


Los viejos recuerdan con nostalgia aquel Gallegos de los ’30 cuando, pongan el pavimento que pongan, las casas resistían porque se respetaba la caída del terreno. Lo que jode es que no hay sorpresa, aunque el gobernador lo descubra recién ahora: Río Gallegos está plantada sobre un plano que no filtra y no drena. No hay caño ni asfalto mágico que resista si no se hace una reestructuración de fondo que entienda cómo funciona nuestro suelo.


La conclusión es amarga pero real: Río Gallegos no se inunda solo porque se haya hecho mala política o porque llueva mucho, sino porque está mal pensada de raíz sobre una tierra que no absorbe. Y mientras el gobernador desconozca la naturaleza del suelo sobre el que camina, la cosa se pone peor cuando la política barata entra en juego. Porque en medio de su asedio a la intendencia opositora, Vidal y Milei prefieren condenar a la capital al agua acumulada antes que dar las soluciones que ya estaban en marcha. Allá por noviembre de 2022, la intendencia de Río Gallegos tomó la decisión política de encarar la red cloacal definitiva para la ciudad; hasta compró con anticipo los caños que hoy siguen guardados esperando ser tirados para resolver el 100% de la infraestructura cloacal y beneficiar a casi 40 mil vecinos de 19 barrios.


Pero el 2 de julio de 2024, cuando la obra ya estaba en plena ejecución, la Secretaría de Obras Públicas de la Nación de Milei y el propio gobernador Claudio Vidal firmaron un convenio entre cuatro paredes para borrar esta obra de las prioridades y desfinanciarla, pretendiendo que la continúe el municipio con un costo que hoy representa la mitad del presupuesto municipal. Una jugada perversa y sin precedentes que busca asfixiar a la ciudad. El buen lector de Santa Cruz nuestro lugar sabe bien que no hay que dejarse engañar por el circo de este gobierno provincial y nacional: una gestión seria apostaría por mejorar la calidad de vida de la gente, pero Vidal y Milei prefieren pactar a escondidas de los galleguenses, dándole la espalda al pueblo y dejando que nos tapemos de agua con tal de...sabe Dios para qué chucha.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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