El reduccionismo de la "conspiración": ¿por qué el reclamo policial es político, pero no partidario?
- Santa Cruz Nuestro Lugar
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Hay una maña histórica en los que se sientan en el sillón del poder, que es la de tildar de conspirativo cualquier reclamo social cada vez que la bronca desborda las mesas de negociación y se les va de las manos. Al calificar una protesta de laburantes como una jugada con la mira puesta en las elecciones de 2027 o como pura especulación, el verso oficial busca vaciarle el contenido a la demanda, metiéndola en la cómoda cajita de la conspiración partidaria. Pero este diagnóstico no solo es una forrada reduccionista, sino que confunde feo la rosca de las urnas con la verdadera naturaleza de la calentura popular y el conflicto en la calle.

Para desarmar esta opereta conceptual, hay que volver a la fuente y dejarse de joder. Como este humilde redactor ya señaló en otra ocasión para exponer la gran ignorancia política de Jairo Guzman opinando sobre este tema: la palabra política proviene del griego polis, que básicamente es la ciudad, la comunidad organizada de toda la vida. Bajo esta premisa histórica, absolutamente todo lo que pasa adentro de la polis y le toca el bolsillo o la vida a los ciudadanos es, por definición, un hecho político, y no una simple paja mental ideológica o partidaria. Cuando los canas deciden armar un acampe, mandar a la mierda quince propuestas salariales de miseria o exigir que echen a los jerarcas de Seguridad que no dan la talla, están haciendo política de la buena, de la pura y originaria. Están discutiendo cara a cara cómo se reparte la torta y si los que mandan sirven para algo o son unos inútiles conduciendo su destino laburante.
Achicar semejante quilombo a una supuesta especulación electoral es no entender un carajo: el hambre y el costo de vida te pasan por arriba cualquier bandera partidaria. Esto no es una campaña anticipada, muchachos, es una crisis de representación de la gran puta, donde el fracaso de tantas reuniones paritarias deja en claro la tremenda grieta de desconfianza que hay entre los de abajo y los que manejan la caja del Estado. Encima, esa sanata oficial de querer desactivar el reclamo chapeando con que los sueldos locales son supuestamente los mejores del país no sirve para un carajo frente al día a día de una provincia donde la inflación te licúa el sueldo en dos semanas. La legitimidad de parar la olla no se dibuja con planillas de Excel ni estadísticas macroeconómicas cuando no llegás a fin de mes.
Querer apagar este incendio amenazando con sanciones, denuncias penales y metiendo la mano en el bolsillo con descuentos por los días de huelga es de una soberbia y una boludez atómica, y solo demuestra lo incapacitados que están para pilotear el disenso en la comunidad. Tratar de golpistas o sediciosos a los laburantes que piden un mango digno para no caer en la lona es una salida patoteril que, lejos de calmar las aguas, le tira más nafta al fuego, sobre todo cuando los tipos sienten que ya no tienen nada que perder. El conflicto policial de hoy es un hecho político ineludible porque sacude la estantería de la polis, y pretender resolverlo apretando a la gente en vez de sentarse a escuchar en serio es una forrada que solo patea para adelante una crisis que no entiende de rosca electoral sino de necesidades urgentes.
A esta altura de la polémica, el querido lector de "Santa Cruz nuestro lugar" nota a la legua que sostener semejante reduccionismo barato solo es posible parado en alguna de estas dos veredas: o sos un analfabeto político de manual que no entiende que hasta el precio de la yerba es una decisión política, o sos un cínico que habla con la panza llena cobrando un sueldo de varios millones de pesos al mes que te mantiene totalmente anestesiado de la realidad. Es extremadamente fácil y cómodo tildar de "sediciosos" o "electoralistas" a los tipos que se cagan de frío en un acampe cuando vos cobrás una millonada del Estado calentito en tu oficina y no tenés la más puta idea de lo que cuesta rascar la olla para llegar a la segunda semana del mes. Esa desconexión brutal, amparada en la ignorancia conceptual o en la impunidad del bolsillo gordo, es lo que verdaderamente pudre la convivencia en la polis; porque para ver conspiraciones partidarias y operaciones del futuro en el hambre ajeno de hoy, hay que ser un ignorante marca Duravit.
Por @_fernandocabrera
