El verdadero final de Sui Géneris se escribió en Caleta Olivia

Mirá que se escribió una bocha sobre la despedida de Sui Géneris, ¿eh? La historia oficial te vende con bombo y platillo lo del Luna Park aquel 5 de septiembre del 75, con miles de pibes llorando a moco tendido, un disco doble que seguro más de uno terminó comprando usado en la mítica disquería de la calle Rivadavia, y hasta la película en pantalla grande. Pero pará la mano, porque la posta posta no terminó en la Capital.

Los Chalchaleros no inventaron eso de andar haciendo despedidas por todo el país; Charly y Nito ya lo habían hecho antes, metiendo fechas contratadas en Córdoba, Rosario y la Patagonia. Y aunque Comodoro Rivadavia siempre estuvo lejos de Buenos Aires, en esa época dorada los grandes del rock nacional como Vox Dei, Aquelarre, Los Jaivas o Invisible bajaban a tocar directo para la gente del sur. El verdadero punto final de Sui Géneris se escribió aquí nomás, entre Chubut y la zona norte de Santa Cruz, en un cierre de película que repoquita gente tiene bien en el radar.
Acá en el boca a boca de la zona siempre circularon versiones de todo tipo. Alguien tiró alguna vez que el último show había sido en el gimnasio del Colegio 69 —el ex Departamento de Aplicación—, con el escenario mirando para el lado del banco Macro. Mítica la anécdota de café, pero la cronología posta del rock patagónico dice otra cosa. Resulta que para traerlos hasta estos pagos estuvieron metidos Fabio Villafañe y Armos Moreno por un lado, y para la fecha comodorense hicieron la movida Vicente Vega —el dueño del boliche Géminis, en la esquina céntrica de Dorrego y Belgrano, donde antes funcionaba el cabaret Folies Bergére en pleno boom petrolero— junto a Luis Hernández.

La gira venía masticando el final paso a paso. El sábado 20 de septiembre de 1975 el dúo la rompió en el escenario de Géminis. Al día siguiente, el domingo 21 de septiembre, cruzaron a Caleta Olivia para desembarcar en el Centro Catamarqueño —ese edificio que hoy funciona como iglesia— para tocar en el Baile de la Primavera, donde les armaron una pasarela adelante del escenario porque antes del recital se hacía la clásica elección de la reina. Pero el verdadero hito histórico ocurrió al día siguiente, el lunes 22 de septiembre. Los trajeron para hacer una segunda fecha en Caleta, algo recontra raro para una ciudad tan chica en ese entonces, y armaron el show en el salón del Club Estrella del Norte. Ahí, ante unas 300 personas nada más, sonaron los últimos acordes de la historia del grupo, en un recital íntimo, de entrecasa y con poquísima gente, sin que nadie sospechara que estaban presenciando el último bis de sus vidas.
El cierre de la noche fue dramático y bien de película negra. Terminado el show en Estrella del Norte, la comitiva emprendió la vuelta por la ruta hacia Comodoro para agarrar el avión de regreso a Buenos Aires. Adelante iba un Ford Falcon con Charly, Nito y dos chicas; atrás venía la camioneta con el flete repleto de instrumentos importados; y cerrando la caravana marchaba otro auto con una banda de lujo: David Lebón, Rinaldo Rafanelli, Juan Rodríguez y Ciro Fogliatta. En pleno viaje, a la altura de la traicionera zona de Punta Peligro, la camioneta volcó y se fue de cabeza por la barranca. Los del último auto aceleraron para avisarle al Falcon de Nito y Charly lo que había pasado. Cuando bajaron a ver el desastre, la escena era desoladora: el bombo de la batería de Juan Rodríguez estaba partido en dos tirado en la banquina, el bajo de Rafanelli quedó destruido y las guitarras volaron por el aire. Como si la racha de mala leche no fuera suficiente, al llegar al aeropuerto de Comodoro cerca de las seis de la mañana, un tipo les sugirió dejar los bolsos abajo e ir a tomar algo a la confitería mientras esperaban. Más de una hora después, cuando bajaron a controlar el equipaje, se dieron cuenta de que les habían afanado el sintetizador de Charly. Hicieron la denuncia en la Comisaría de Km 8 y en el mismo aeropuerto, pero no apareció más nada.
Entre los escombros de la ruta ocurrió un pequeño milagro que salvó una joya del rock: la clásica guitarra acústica Gibson de Nito Mestre apareció totalmente ilesa, y el querido String Ensemble de Charly tiempo después se pudo reparar. Sin embargo, el golpe emocional y material fue letal. Con los instrumentos hechos pedazos, el afano en el aeropuerto y el bajón a cuestas, Charly y Nito sintieron que el destino les estaba dando una piña de KO. Como rememoró Nito años después, fue como si alguien de arriba les hubiera dicho: "Dejensé de joder, terminenlá de una vez". Y ahí no más le pusieron el candado definitivo a Sui Géneris hasta el reencuentro de 1999. El mito no murió entre las luces del Luna Park, sino entre las curvas de Punta Peligro y el viento santacruceño. Así que -querido lector de Santa Cruz nuestro lugar- la próxima vez que alguien te hable de Corrientes y Bouchard, sacá pecho y decile: "Che, pará, que el verdadero telón lo bajaron en Caleta Olivia".
Por @_fernandocabrera




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