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El vicegobernador dejó ver su verdadera forma de pensar

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • 30 jul 2025
  • 2 Min. de lectura

A veces no hace falta ni micrófono ni despacho para mostrar cómo sos: basta un meme, un emoji de risa y una frase escrita desde el ego herido. El vicegobernador de Santa Cruz, Fabián Oscar Leguizamón, lo hizo fácil: se mandó una publicación en Facebook que lo pintó entero. No como lo pinta el maquillaje del protocolo ni las sesiones legislativas, sino como lo pinta él mismo cuando se olvida que no está en una peña de trolls, sino en el segundo cargo más alto de la provincia.

¿Qué dijo el tipo? Se burló. Publicó una foto de Pablo Grasso —intendente de Río Gallegos— junto al cantante de Ke Personajes, “Ema” Noir, y escribió:


“Adivinen a quién no contratan nunca más para las fiestas que se festejan en Río Gallegos?”

Todo con emojis de burla y la típica actitud del que se siente ganador de una cargada de potrero.


¿El contexto? Durante el show, el cantante aclaró públicamente que no tenía ningún tipo de vínculo con el intendente. Un comentario que desactivó cualquier intento de asociación simbólica entre la figura del artista y el jefe comunal. Fue un gesto simpático y desfachatado, sin mayor despliegue. Pero a Leguizamón le alcanzó para convertirlo en motivo de escarnio. Y ahí está el problema: el vicegobernador no solo celebró el supuesto papelón ajeno, sino que asumió algo mucho más grave. Porque lo que él “adivina” no es una broma. Es una proyección de su forma de ejercer el poder: si un artista no se alinea con vos, no lo contratás más. Si no te lame el ego, lo vetás. Como si el Estado fuera una agencia de casting para amigos. Ese pensamiento no es de ahora. Es estructural en su forma de hacer política. Y lo dijo sin querer, como hacen los que creen que están siendo vivos pero en realidad están quedando en pelotas.


La política, para Leguizamón, no es gestión ni proyecto. Es un show donde el que no aplaude se baja del escenario. Y eso dice más de él que de Grasso. Porque, seamos claros: el intendente podrá tener mil cosas criticables, pero el vicegobernador quedó expuesto como un político que piensa que todo es propaganda, castigo y marketing.


Y no sorprende. Hace poco el radicalismo estuvo a punto de hacer lo correcto y expulsarlo de su estructura partidaria por una triste acumulación de actitudes que ya venían mostrando a qué juega. Pero una vez más, el radicalismo se quedó a mitad de camino, como siempre, y lo dejó pasar.


Ahora bien, la pregunta que queda flotando —y quema como escarcha en la jeta— es la más simple de todas: ¿Qué chucha hace un político de ese calibre opinando como un pendejo? Porque si esto no fue un error, entonces fue una confesión. Y si fue una confesión, hay que empezar a preguntarse cuánto daño nos hacen los que se ríen mientras gobiernan.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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