Elecciones de APEL: Doce años de rosca, una urna y el final anunciado
- Santa Cruz Nuestro Lugar

- 22 mar
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Lo de APEL no fue un rayo en cielo despejado. Fue más bien el final lógico de una historia que se venía escribiendo hace rato, con capítulos bastante turbios y otros directamente escandalosos que muchos prefirieron mirar de costado.

Porque para entender el batacazo de la Lista Celeste "Somos Legislativos" hay que retroceder. Entre 2014 y 2022, el gremio estuvo bajo la conducción de Sergio Abramenko. Un ciclo largo, demasiado largo, donde no todo fue precisamente ejemplar. En el medio, allá por 2018, hubo una elección que todavía hoy genera ruido: boleta única, sin competencia real, sin tiempos para que otras listas se organicen, sin garantías básicas. Traducido: una elección hecha a medida.
Tan a medida que ni siquiera prosperaron los intentos de impugnación. Un compañero denunció irregularidades, pero la respuesta del Ministerio de Trabajo de la Nación llegó recién en 2022. Sí, cuatro años después. Para ese entonces, el mandato ya estaba terminado. Un trámite administrativo que llegó tarde… y mal.
Como si fuera poco, Abramenko jugaba de los dos lados del mostrador: mientras era secretario general, también ocupaba un cargo como director de despacho. Un detalle menor… si uno naturaliza que el que tiene que defender al trabajador también forma parte de la patronal. Un modelo de sindicalismo que explica bastante de lo que vino después.
En 2022 asume Claudio Bianco, continuidad directa de ese esquema. Y lejos de corregir, profundizó. Porque mientras desde ese sector se acusaba a otros de “hacer política”, el propio Bianco venía de ser candidato a diputado por el pueblo de Río Gallegos en 2019 y 2023. Curioso concepto de neutralidad.
Pero el verdadero quiebre no fue discursivo, fue material. Cuando arranca la nueva gestión política en la Legislatura en 2023, se da de baja una conquista concreta: dos categorías que habían sido otorgadas en el tramo final de la gestión anterior. Para cualquiera que no esté en el tema: en la carrera legislativa, bajar dos categorías no es un detalle, es partirte el salario y la proyección laboral al medio.
Ahí se terminó la paciencia.
En marzo de 2024, los trabajadores se autoconvocaron. Sin estructura, sin aparato, sin sello. Laburantes comunes, de sus sectores, que dijeron basta. Y no solo lograron que se revierta esa medida: forzaron al gremio a llamar a asamblea para elegir paritarios, algo que hasta ese momento se manejaba a dedo.
Ganaron esa asamblea. Y desde ahí empezaron a hacer algo bastante revolucionario para APEL: que las decisiones se tomen con mandato de base.
Pero claro, eso duró poco. En noviembre de 2024, Bianco los corre de las paritarias y vuelve a acordar directamente con la patronal. Sin consulta, sin asamblea, sin vueltas. Y encima, con el clásico argumento: “animosidad política”.
Mientras tanto, los trabajadores seguían en la suya: organizándose, eligiendo delegados (algo que también se logró ese año), sosteniendo presencia real en los sectores. Sin cargos gremiales previos, sin historia de rosca, sin padrinos. Solo laburo.
Y así se llegó a esta elección.
Con tres listas en cancha, el aparato jugó a dividir. Pero la jugada salió al revés. La Lista Verde, con viejos nombres de la conducción histórica, sacó 33 votos. La Blanca, expresión de la continuidad de Bianco, 83. Y la Celeste, con Catrihuala y Gironi a la cabeza, 136.
No fue solo ganar. Fue duplicar al oficialismo. Fue ordenar el descontento y transformarlo en poder real.
El dato que termina de cerrar todo: más del 90% del padrón fue a votar. Cuando vota casi todo el mundo, no hay margen para el verso. Es la base hablando.
Ahora bien, del otro lado está la política. Y acá hay que ser inteligentes. La actual conducción de la Legislatura viene de una campaña dura, con tensiones todavía frescas. Y si algo quedó claro en la historia reciente, es que cuando el diálogo se corta, el que paga es el laburante.
Por eso, más allá de la contundencia del resultado, la etapa que viene exige otra cosa: cabeza fría, bandera blanca y capacidad de sentarse a negociar. No por debilidad, sino por estrategia. Porque podés tener la legitimidad de las urnas, pero si no tenés margen de gestión, todo eso se te convierte en frustración en dos meses.
La transición ya empezó, con el pedido formal para que sea ordenada y transparente. Incluso con intentos del oficialismo saliente de apurar la aprobación de tres balances juntos a días de la elección, algo que fue frenado y pasó a cuarto intermedio hasta abril.
Nada es casual.
Lo que pasó en APEL es más que una elección. Es el cierre de un ciclo de doce años donde el gremio se fue alejando de su base. Y también deja algo claro: cuando el laburante se organiza de verdad, no hay aparato que aguante.
Ahora viene lo más difícil. Gobernar lo que se ganó.
Porque voltear un gremio lleva tiempo. Pero demostrar que valió la pena… mucho más.
Por @_fernandocabrera




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