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LA ANÓNIMA al borde de la quiebra: morosidad por las nubes y consumo en picada

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • 21 mar
  • 2 min de lectura

¡Ah, La Anónima!… Ese gigante de los supermercados que siempre supimos que tenía su corazoncito de hielo, pero que ahora lo muestra a plena luz del día. Resulta que mientras nosotros, los mortales, ajustamos cada centavo y miramos el ticket como si fuera oro, ellos se encontraron con que sus clientes no pagan ni por casualidad: ¡un salto de casi siete veces en la morosidad! De $2.830 millones pasaron a $19.255 millones. Sí, leíste bien: casi siete veces. Tremendo.

Y ojo, que la cosa no se queda ahí. Las ventas de los supermercados, que representan la crème de la crème de su facturación, se desplomaron un 4,22%. Todo mientras ellos abrían locales nuevos en lugares como Reconquista, Resistencia y Fernández Oro, como si multiplicar las sucursales mágicamente trajera clientes con billeteras llenas. Spoiler: no funcionó.


Ahora, lo más divertido del asunto es que mientras los pasillos con galletitas y fideos vacíanse muy rápido, el negocio frigorífico explotó como un toro en la pampa: +57,71% gracias a las exportaciones y los precios internacionales. O sea, los que compramos acá la vemos negra, pero ellos la rompen vendiendo carne al mundo.


Y si pensabas que la tarjeta de crédito propia iba a salvarlos, ni ahí: subió un 106%… pero pesa menos en la facturación total. Mientras tanto, la rentabilidad se fue de paseo: ganancia neta de $9.709 millones, apenas 0,65% de los ingresos, un descenso brutal comparado con el 1,71% del año pasado.


En pocas palabras, La Anónima está viviendo el clásico síndrome de “todo bien afuera, todo mal adentro”: el frigorífico va como avión, los supermercados son un mar de morosos y la plata real se esfuma en gastos, salarios y clientes que no pagan.


Si te sirve de consuelo, no sos vos: el consumo sigue estancado, los sueldos ajustados y la billetera argentina más flaca que la última bolsa de mercadería en oferta. La moraleja: la carne afuera salva, pero adentro, el bolsillo llora.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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