top of page

¡La reforma laboral viene por los periodistas y comunicadores!

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • 12 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

¡Che, pará la motosierra un cachito! La reforma que tiró el gobierno de Milei es alto bardo, pero hay una movida que nos pega directo en el hígado a quienes remamos todos los días para que la gente se entere de la posta: quieren volar de un hondazo el Estatuto del Periodista (Ley 12.908). Sí, así como lo leés: sin anestesia, sin vaselina y con esa impunidad de “total, nadie se va a plantar”.

La verdad verdadera es que no estamos hablando de un retoque ni de maquillaje legislativo. Es una piña directa al maxilar del oficio. Y ojo, porque en Río Gallegos esto no es novedad: hace rato que se vienen mandando faltas enormes contra los laburantes de prensa. Jornadas interminables, pagos en cuotas, sueldos que dan vergüenza ajena, presiones más turbias que aceite de freidora vieja. Y los gremios… bueno, los gremios del rubro prácticamente sin ingerencia real, pintados al óleo.


Y si hoy, con el Estatuto todavía vigente, ya pasan estas roscas espantosas, imaginate lo que sería sin él. Hasta los abogados que hoy se rompen el lomo para defender a periodistas se quedarían sin herramientas. Ni fundamentos, ni precedentes, ni paraguas jurídico: un desierto legal donde el patrón te hace pelota sin que nadie pueda frenarlo.


El Estatuto, desde el 46, es el paraguas que nos cubre, el fierro legal que evita que los dueños de los medios –esos CEOs que miran métricas, hablan en inglés y recortan personal porque la IA “lo hace más rápido”– nos acomoden como si fuéramos descartables. Sin ese marco, quedamos a la deriva, con la estabilidad laboral hecha trizas y la protección ante despidos reducida a un “si no te gusta, ahí tenés la puerta”.


Y hoy más que nunca, con estos empresarios que no dudan en rajar veinte de un saque porque un bot escribe diez notas por hora, el Estatuto es lo único que frena que la guadaña baje sin piedad.


Si esta reforma falopa avanza, el laburo de periodista, fotógrafo, redactor, productor o corrector se transforma en una changa sin futuro, un “vení hoy, o capaz mañana ya te reemplaza un bot”. Volvemos a la selva: horarios que cambian según el humor del jefe, contratos humo, presiones ideológicas más obvias que un spoiler.


¿Y la libertad de prensa? Mamadera… patina feo. Si trabajamos con miedo a que nos bajen el pulgar por decir lo que no conviene, ¿quién les marca la cancha a los poderosos hijos de puta o a esos jefes de redacción que empezaron como recepcionistas y hoy ya son verdaderos psicópatas hostigador es del personal? Sin resguardo legal, la información se convierte en una sopa cocinada a medias y servida fría.


Acá la bronca no es capricho: nos quieren dejar en pelotas, sin pilcha legal, sin escudo ni espada. Quieren un periodismo dócil, barato, reemplazable por IA, que no cuestione y que no moleste. Pero ojo al piojo: este quilombo recién arranca.


Porque el periodismo no es solo un laburito, es un servicio público, un derecho de la gente a ver lo que pasa sin filtros turbios. Si nos sacan el Estatuto, es como pedirle a un electricista que labure con los cables pelados y sin guantes


*¿Qué derechos puntuales perdemos los periodistas con esta reforma de mierda?*


Estabilidad laboral posta: hoy no te pueden rajar porque sí. Sin Estatuto, te echan como si fueras un correo no deseado.


Indemnización específica: el periodismo tiene condiciones propias; sin protección, el patrón te liquida como si fueras de otro rubro cualquiera.


Escalafón profesional: categorías claras y progresión real. Sin Estatuto, sos un soldadito sin rango.


Condiciones mínimas de laburo: horarios, descansos, tareas. Sin marco, el patrón te estruja como jugo de naranja de máquina vieja.


Protección ante presiones ideológicas: hoy no te pueden echar por no repetir un libreto. Sin Estatuto, te rajan por criticar a un auspiciante.


Acreditación profesional: marco claro para definir quién es periodista. Sin eso, se viene el “vos sí, vos no” según convenga.


Capacitación y formación: garantizada por ley. Sin Estatuto, arreglate solo y tratá de no quedar obsoleto.


Pluses específicos: nocturnidad, guardias, tareas riesgosas. Sin la ley, estos reconocimientos desaparecen como sueldo el 10 del mes.


Dicho al hueso: nos convierten en descartables, reemplazables por un bot, y dejan al periodismo en bolas y sin defensa.


Así que: ¡no arruguemos, loco! Defendamos la Ley 12.908 con uñas, dientes y garganta firme. Si aflojamos, nos pasan por arriba y chau: el periodismo termina reducido a una nota automatizada sin alma, sin voz y sin verdad.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

Comentarios


bottom of page