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La trampa perfecta: Nos soltaron la paritaria para hacernos aplaudir el endeudamiento en dólares

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • 29 may
  • 5 min de lectura

Antes de arrancar, vale aclarar algo importante: esta columna escrita para el buen lector de #SantaCruzNuestroLugar no busca desmerecer ninguna lucha salarial ni el desgaste real que atraviesan miles de trabajadores santacruceños. El punto no es cuestionar el reclamo, sino analizar cómo muchas veces el poder político aprovecha los conflictos sociales y el cansancio colectivo para construir consensos alrededor de decisiones mucho más jodidas. Porque justamente ahí aparece la pregunta de fondo: ¿y si todo este conflicto que terminó ayer nunca fue solamente por una cuestión de paritarias?

Porque cuando uno empieza a mirar el timing político, los movimientos del gobierno y lo que empezó a pasar inmediatamente después del destrabe del conflicto, la cosa cambia bastante de color.


Dicho esto ¿quién nos puede negar que la reapertura de paritarias no representó ninguna conquista social? Porque acá hubo hijoputez política calculada; ya que el gobierno sabía desde el minuto uno que no tenía consenso social ni político para salir a pedir endeudamiento así nomás, mucho menos en una provincia detonada económicamente, con salarios hechos mierda por la inflación y con medio mundo puteando porque no llega ni a mitad de mes.


Entonces hicieron lo que hacen muchos gobiernos cuando necesitan que la sociedad les valide algo impopular: fabricar un clima emocional. Manipular el humor social. Llevar a la gente al límite para después venderse como salvadores de un incendio que ellos mismos prendieron.


Primero congelaron las paritarias. Tensaron la cuerda hasta casi reventarla. Dejaron que creciera la bronca. Permitieron el desgaste de docentes, estatales y familias enteras que ya venían cansadas y con la cabeza quemada de remarla todos los meses para no terminar comiendo arroz hasta el aguinaldo. Nueve días de conflicto donde el mensaje implícito era clarísimo: “No hay plata”. Y cuando una sociedad escucha durante días que no hay un mango, empieza lentamente a aceptar cualquier salida desesperada que aparezca después, aunque venga envuelta en un moño lleno de chamuyo político.


Ahí entra la segunda parte de la jugada.


Después de días de quilombo, aparece el gobierno destrabando paritarias justo cuando el malestar social empezaba a convertirse en una verdadera olla a presión. Y entonces mucha gente siente alivio. Siente que “se conquistó algo”. Que la lucha sirvió. Que el gobierno cedió. Que los trabajadores “le torcieron el brazo al gobierno”.


Pero ahí está el truco psicológico más viejo del poder: hacerte creer que ganaste una batalla para que bajes la guardia antes de meterte la mano en el bolsillo hasta el codo.


Porque mientras la sociedad festeja el pequeño respiro salarial y algunos ya salen a militar que “el pueblo volvió a ganar”, en paralelo aparece el verdadero objetivo político: el proyecto de endeudamiento que ahora empezó a resurgir en la Cámara de Diputados. Y ya no aparece en un clima de furia total. Surge después de una aparente distensión. Después del “gesto” oficial. Después de que mucha gente diga resignada: “Bueno… si dieron aumento, capaz necesitan financiamiento”.


Exactamente eso necesitaban instalar estos guachos.


No buscaban solamente cerrar paritarias. Buscaban construir legitimidad emocional para la deuda. Necesitaban que la gente dejara de ver el endeudamiento como una avivada política y empezara a verlo como una supuesta necesidad inevitable.


Y encima el momento elegido no es casualidad ni en pedo. Se viene el aguinaldo. Se acerca una de las épocas donde el Estado necesita más caja, más liquidez y más oxígeno financiero para evitar otro estallido social de la puta madre. Porque el aguinaldo en provincias golpeadas como Santa Cruz no es un detalle administrativo: es un termómetro político. Si hay problemas con el pago, la bronca explota, la calle se recalienta y al gobierno se le empieza a prender fuego todo.


Entonces necesitaban llegar a junio mostrando cierta normalidad. Cierta paz social. Cierta sensación de que “las cosas se acomodaron”. Que el conflicto ya pasó. Que ahora toca “pensar en la provincia”.


Y ahí aparece el ministro Ezequiel Verbes a defender técnicamente el esquema de crédito público y endeudamiento ante los santacruceños, hablando en idioma economista, lleno de palabras prolijas, números y tecnicismos para disfrazar algo que en el fondo es bastante simple: la provincia se quiere volver a endeudar y necesita que la sociedad no salga a putear masivamente mientras lo hace.


Porque el terreno ya fue preparado. El conflicto salarial no fue solamente un conflicto salarial. Fue parte del escenario necesario para que la deuda empiece a parecer razonable. Necesitaban que la gente sintiera miedo, agotamiento y alivio en ese orden exacto. Primero te asustan. Después te desgastan. Y finalmente te tiran una migaja para que termines aceptando algo mucho más grande.


Es perverso, pero funciona como la puta madre.


Ahora bien, también existe otra posibilidad que en los pasillos políticos ya se murmura bastante fuerte y que quizá sea todavía más turbia. Que directamente no consigan los votos necesarios para aprobar el endeudamiento como corresponde, porque para una deuda en dólares la Constitución provincial podría exigir dos tercios de la Cámara. Y dos tercios no es poca cosa, amigardo. Con todos sentados en sus bancas serían al menos 16 manos levantadas. No alcanza con una mayoría simple de ocasión ni con un par de diputados acomodados sobre la hora.


Y ahí es donde empiezan las especulaciones más pesadas. Porque algunos ya sospechan que el verdadero plan podría ser aprobarlo igual por mayoría simple, aunque quede jurídicamente agarrado con alambre, y después dejar que todo termine judicializado. Total, el gobierno hoy tiene un nivel de influencia enorme dentro del Tribunal Superior de Justicia y muchos creen que apuesta justamente a eso: avanzar primero, generar el hecho consumado y después discutir la constitucionalidad más adelante mientras la deuda ya está caminando con la aprobación social.


Sería una jugada recontra argentina. Muy de manual criollo. Primero hacés la movida. Después que los abogados, los jueces y los constitucionalistas se caguen a trompadas discutiendo si era legal o no. Y mientras tanto, la guita ya entró, el gobierno ganó tiempo político y la sociedad quedó otra vez atrapada en una discusión técnica imposible de seguir para el ciudadano común.


Por eso también empieza a mirar todo el mundo con lupa qué va a pasar el día de la votación. Porque en estas cosas nunca faltan las casualidades raras: diputados que justo “se enferman”, otros que desaparecen, otros que pegan faltazo misteriosamente o alguno que de golpe cambia el voto a último momento después de semanas diciendo lo contrario. En la política argentina esas cosas pasan más seguido de lo que deberían, y Santa Cruz no vive precisamente en una burbuja moral alejada de esas malas mañas.


Porque una sociedad agotada muchas veces no termina apoyando lo que quiere, sino lo que cree que evita un mal peor. Y ahí es donde los gobiernos más ladinos manipulan el humor social: te llevan al borde del abismo, te dejan sentir el vértigo y después te venden la cuerda como si fuera salvación.


El problema es que Santa Cruz ya conoce demasiado bien estas películas de mierda. Siempre arrancan igual: “es una herramienta financiera”, “es para sostener la provincia”, “es una necesidad coyuntural”, "es histórico ", “hay que garantizar gobernabilidad”. Después pasan los años y la deuda queda, los intereses crecen, los salarios vuelven a perder contra la inflación y los gobiernos cambian mientras la sociedad sigue pagando la fiesta como una boluda.


Y lo más grave es que muchos santacruceños quizás ni siquiera noten que los llevaron exactamente al lugar donde el gobierno quería llevarlos: pasar de la furia contra el ajuste a la resignación frente al endeudamiento.


Porque cuando la política consigue que la gente diga “y bueno, no queda otra”, ya ganó la batalla más importante de todas.


Y ahí es cuando te enchufan la deuda mientras todavía estás distraído festejando una paritaria que probablemente ya tenían pensada largar desde el principio.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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