Mileca: un caso que desnuda la desprotección ciudadana en Santa Cruz
- Santa Cruz Nuestro Lugar

- 16 ene
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Aclaro de entrada, para que no salten los de reflejo fácil: el propósito de este humilde redactor no es politizar el caso. No es chicana, no es rosca, no es pegarle a nadie en particular. Es algo bastante más hondo y más incómodo: exponer una problemática estructural, vieja, enquistada, que Santa Cruz arrastra hace años y que cada tanto vuelve a estallar cuando una familia queda sola frente al abismo. Y sí, dicho sin eufemismos: se vuelve urgente que cada localidad esté debidamente equipada, sobre todo en sus zonas más calientes, con cámaras de seguridad, monitoreo real y capacidad de reacción inmediata. No para mirar grabaciones una semana después mientras el mate ya está lavado.
Gabriel Mileca fue visto por última vez en la ría, ese borde engañoso entre ciudad y nada, donde todo se diluye rápido: huellas, rastros, tiempos. Y desde ahí, silencio. Recién seis días después un equipo K9 logra una marcación positiva en zona céntrica. Se confirma que estuvo ahí. Bien. ¿Pero antes? Antes, la nada misma. Familia y amigos haciendo de Estado paralelo, pateando barrios, costas, descampados, campos, poniendo el cuerpo donde el aparato estatal brillaba por su ausencia.
El dato que hiela la sangre y que no se puede pasar por alto: Gabriel no se fue caminando tranquilamente. Huyó por una puerta del centro de salud mental. Puerta. Así, como suena. Un paciente con consigna, con tratamiento en curso, que sale por una puerta, sin alarma, sin reacción, sin explicación clara. Salud mental versión “arreglate vos”. Una bomba de tiempo atendida con curitas.
El testimonio de la esposa es un cross directo al mentón del sistema. No por el tono —que es el tono lógico de alguien rota por dentro— sino por lo que cuenta: nadie informa, nadie acompaña, nadie coordina. La historia clínica es un misterio, la medicación otro, el seguimiento un rumor. Todo informal, todo a los tumbos, todo tarde.
Después entra en escena la seguridad. O lo que queda de ella. Bomberos caminando por la ría con el agua a la rodilla mientras el reloj corre en contra. Policías que llegan tarde, no se presentan, minimizan, miran de lejos. Canes que aparecen cuando el rastro ya está frío. Drones que no vuelan “porque hay viento” —como si en la Patagonia el viento fuera una novedad— y que terminan apareciendo gracias a estados de WhatsApp y la solidaridad de vecinos, no por gestión oficial.
La postal es demencial: la esposa consiguiendo cámaras de seguridad por su cuenta, golpeando puertas, hablando con vecinos, descartando imágenes en cuestión de horas, mientras la policía todavía “espera directivas” para ir a buscarlas. Una ciudadana común haciendo inteligencia territorial básica porque el Estado no arranca.
Y cuando la familia decide rastrillar por su cuenta, empujada por la desesperación, aparece el otro Estado: el que sí funciona rápido cuando quiere. Patrulleros, armas largas, gritos, manos arriba, identificación, horas demorados como si fueran narcos pesados. Para buscar a un ciudadano desaparecido no hay recursos; para amedrentar a cinco mujeres en plena madrugada, sobran. Esa escena sola explica todo.
Este caso, además, reactiva una herida que en Santa Cruz nunca cerró: Marcela López Frey, 61 años, desaparecida el 22 de mayo de 2021. Otra mujer tragada por el silencio, otro expediente que se enfría, otra familia condenada a convivir con la incertidumbre eterna. Distintos contextos, mismo patrón: lentitud, desorganización, falta de reacción temprana y un Estado que llega tarde o no llega.
Acá no falla una persona. Falla el engranaje entero. Salud mental por un lado, seguridad por otro, Justicia mirando de reojo, funcionarios que no llaman, no se acercan, no dan la cara. Nadie que articule, nadie que conduzca, nadie que diga “me hago cargo”. Todo queda librado a la buena voluntad de amigos, vecinos, pescadores, corredores, gente común que pone tiempo, nafta y corazón.
Y volvemos a lo básico, a lo elemental: ¿cómo puede ser que una ciudad como Río Gallegos no tenga un sistema sólido de cámaras operativas en tiempo real? ¿Cómo puede ser que una desaparición en zona urbana no tenga un recorrido reconstruido en minutos? No es ciencia ficción ni lujo europeo. Es prevención mínima en 2026.
El caso Mileca no es un hecho aislado. Es un síntoma. Hoy es él. Ayer fue Marcela López Frey. Mañana puede ser cualquiera. Y mientras el Estado siga reaccionando tarde, mal y a los empujones, las familias van a seguir quedando solas, gritando en el desierto, esperando directivas que nunca llegan.
El dolor no espera. La vida tampoco. Y Santa Cruz ya no puede seguir haciéndose la distraída.
Por @_fernandocabrera




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