Para que no metiéramos a Malvinas en la cancha, debieron pedirnos que dejáramos el corazón afuera
- Santa Cruz Nuestro Lugar
- hace 13 horas
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¡Qué manga de vigilantes, por favor! Había que tener el pecho bien frío y la del mono bastante corta para armar semejante circo. Resulta que para el partido de ayer contra Inglaterra, el gobierno nacional —recontra arrodillado y entregador— admitió que había acordado con los yanquis que no se podía entrar al estadio en Atlanta con absolutamente nada que hiciera referencia a nuestras Islas Malvinas.

Ni una mísera camiseta, ni un trapito, ni un carajo que ellos consideraran político o peligroso. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, salió a caretearla diciendo que había sido una decisión consensuada, pero consensuado las pelotas porque nos bajamos los lienzos de una. Al final, tuvimos a la CIA, a la DEA y al FBI controlando como unos giles que ningún argentino pasara con una remera de nuestras islas. Fueron unos cagones porque les dio miedo un pedazo de tela y ver a la gente festejando y cantando por su patria.
Fue de no creer cómo se rasgaron las vestiduras por un trapo celeste y blanco con las islas dibujadas mientras dejaban pasar cosas que de verdad eran un peligro para nuestro país. A principios de julio, un buque de guerra inglés se paseó como pancho por su casa por aguas de Santa Cruz y Tierra del Fuego, aparentemente sin pedirle permiso a nadie, y ahí la ministra no dijo ni miau.
Eso no les pareció peligroso para la soberanía a esta manga de otarios que, encima, nos controlaron los bolsillos en la cancha mientras laburaban en una legislación de saqueo y loteo del territorio nacional. Vendieron la patria al mejor postor con la famosa inviolabilidad de la propiedad privada, que no fue otra cosa que regalarle el país a los de afuera.
A esta altura, el buen lector de "Santa Cruz nuestro lugar" se estará preguntando qué es más peligroso: si una bandera de Argentina con las Islas Malvinas o tener un presidente que es un adorador confeso de Margaret Thatcher. La respuesta se cae de madura y nos duele en el alma porque es una patada en los huevos a la memoria de nuestros pibes de Malvinas.
Ayer la ciudad de Buenos Aires amaneció vallada en todo el microcentro por puro cagazo, porque le tuvieron un miedo bárbaro a que la gente se expresara (¡Como cuando murió el Indio Solari!) pero bien sabemos que al sentimiento popular no lo pueden comprar ni con todos los morlacos de Wall Street.
Por eso, lo que hicieron los pibes de la Selección después de ganarle a Inglaterra en el Mundial no tuvo precio, ya que pelaron la bandera que decía que las Malvinas son argentinas y se la refregaron en la jeta a todo el establishment anglófilo y a los cipayos locales. Fue un cachetazo hermoso que les dolió en el alma a los burócratas y a los botones que nos quisieron amordazar. Se la tuvieron que comer doblada porque para impedir que metiéramos a Malvinas en la cancha, debieron pedirnos que dejáramos el corazón afuera, y el corazón de un argentino no se quedó en ningún mostrador de aduana porque las Malvinas fueron, son y serán argentinas, la concha de su madre.
Por @_fernandocabrera
