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  • Foto del escritorFernando Cabrera

¿Por qué la gente ya no garcha como antes?

En estos tiempos, la sociedad argentina experimenta un declive en su dinámica sexual, un tema que invita a una introspección desde disciplinas como la sexología y la psicología. Los datos indican una menor frecuencia en los encuentros íntimos, lo que podría señalar una auténtica represión en este ámbito. No obstante, ¿refleja esto la realidad?

Observando desde la sexología, la calidad y el goce en el encuentro amoroso trascienden la simple regularidad o habilidad. A pesar de ello, las circunstancias actuales no son las más óptimas para garchar en plenitud. Las secuelas de la pandemia, como la ansiedad y la inestabilidad económica, impactan el día a día de los ciudadanos. No es de extrañar que, en tales condiciones, la frecuencia y calidad de las relaciones sexuales disminuyan, llevando a algunos palurdos hijos de Google a identificarse erróneamente con la "demisexualidad".




 

Desde la psicología, se nos brinda otra perspectiva para analizar esta situación. Nuestro cerebro, con sus mecanismos de defensa evolutivos, coloca la lógica y la interacción social en un lugar destacado. Al enfrentarnos a un entorno adverso, como pasear en bici por la avenida Kirchner mientras los autos te cagan a bocinazos porque vas lento, hace que el estrés se acumule, dificultando la conexión con nuestro lado más íntimo al regresar al hogar.

 

La actual estructura social, marcada por la polarización conocida como "la grieta", donde frecuentemente se ve al prójimo como adversario, no contribuye a un ambiente propicio para una vida sexual sana y gratificante.




 

¿Qué medidas podríamos tomar para revertir esta situación? ¿De qué manera es posible generar un ambiente que proteja y mejore la calidad de nuestra vida íntima? Una solución podría ser incentivar una interacción social más amable y positiva. Al compartir miradas, sonrisas y un trato cordial, se puede generar un clima de calma que favorezca la conexión con nuestra sexualidad.

 

Ahora bien, hay otro factor en ciernes al que no estamos atendiendo: en la actualidad, donde la hiperconexión es la norma, las redes sociales reflejan aspectos íntimos de nuestras vidas, incluyendo la relación de pareja. La insatisfacción en este terreno, antes confinada al ámbito privado, ahora resuena en el espacio digital. Las parejas, en vez de resolver sus diferencias juntas, recurren a estas plataformas para ventilar su descontento o buscar opciones, lo que puede intensificar la desconexión mutua.




 

El acceso ilimitado a estímulos y la comparación constante pueden crear expectativas irreales y la percepción de que otros tienen una vida más plena. Esto puede mermar la satisfacción con nuestra propia experiencia sexual, ya que las redes sociales muestran una realidad idealizada y muchas veces inalcanzable.

 

Por otro lado, la hiperconexión puede resultar en un exceso de información y alternativas que más que ayudar, confunden. La disponibilidad constante de opciones puede generar una sensación de saturación y desgano para dedicar esfuerzo en fortalecer la relación actual. En lugar de afrontar y solucionar los conflictos, la tentación de sumergirse en un mundo virtual aparentemente perfecto es una vía de escape que puede profundizar la insatisfacción ya presente.

 

Para concluir, la escasez de garche en Argentina parece tener causas diversas, tanto externas como internas, relacionadas con nuestras reacciones psicológicas y emocionales. Abordar este asunto requiere de estrategias que fomenten el bienestar emocional y social, fundamentales para una vida sexual completa y gratificante.



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