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¡Se rebelan contra el saqueo! Más de 800 intimaciones ignoradas disparan una bomba judicial y una potencial demanda masiva contra el Banco Santa Cruz

Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
Santa Cruz Nuestro Lugar
hace 7 minutos
3 min de lectura

Para este humilde redactor resulta llamativo —por no decir bastante curioso— que hace apenas un par de días, durante la noche de Halloween, a nadie se le haya ocurrido salir a la calle disfrazado de fachada del Banco Santa Cruz. Hubiese sido, sin lugar a dudas, el disfraz más escalofriante de la fecha: nada causa hoy más terror, pánico y estrés social en la provincia que cruzarse de frente con esa marquesina.

La historia en Santa Cruz es siempre la misma, pero no por eso deja de ser escandalosa: el Banco Santa Cruz se transformó directamente en una picadora de carne. Dejó de ser la entidad financiera de la provincia para pasar a actuar como el mayor órgano de asfixia, apriete y confiscación del bolsillo popular. Una verdadera pesadilla para miles de laburantes y jubilados a los que literalmente los están dejando en la lona, en banda y sin un mango para parar la olla.


Lo que está pasando no es un "error de sistema" ni una falla técnica de fin de semana; es un atropello metódico y salvaje. La movida viene así: la gente va al cajero confiada el día de cobro y se encuentra con la cuenta completamente vacía. Cero pesos. Descuentos desmedidos que arrancan en el 20% o 30% del sueldo pero que terminan absorbiendo, sin anestesia, el 100% de los haberes. El banco se come todo el haber en concepto de deudas bancarias, tarjetaas de crédito, préstamos propios o débitos automáticos con cuanta prestadora mete el gancho, actuando con una impunidad pasmosa y como si la legislación laboral y financiera fuera un adorno.


El nivel de cinismo institucional roza lo insólito. Cuando las protestas empezaron a sonar, desde el propio banco salieron a ningunear el problema diciendo con total soltura que apenas eran "siete reclamos" aislados que se solucionaban rápido. Mentira total. La realidad es que a la fecha la entidad acumula más de mil intimaciones, un tendal de reclamos cruzados y cartas documento donde ni siquiera cumplen lo que firman. Porque esa es otra: el banco responde a las intimaciones legales comprometiéndose formalmente a cesar los débitos confiscatorios, pero al mes siguiente le vuelve a aspirar hasta el último centavo a la misma gente. Prometen y reculan en el mismo movimiento.


Tampoco da para tragarse el cuento del mentado "plan de alivio financiero". En septiembre pasado se vendió con bombos y platillos que unos 5.700 trabajadores, entre activos y pasivos, se habían adherido a ese beneficio. ¿Cuál alivio? ¿Cuál beneficio? Fue puro chamuyo. En la práctica, ese plan no alivió un carajo: la soga al cuello siguió igual de tensa. Y para colmo de males, muchos de esos préstamos que originan las deudas ni siquiera tienen un contrato bancario respaldatorio de por medio, ni una firma, ni un llamado telefónico de confirmación; se los acreditaban o los encajaban de guapo sin preguntar y después ejecutan el cobro a punta de pistola digital.


En medio de todo este despelote, el querido lector de "Santa Cruz nuestro lugar" seguramente habrá escuchado por ahí a algún pelotudo coleccionable decir "pero las tarjetas de crédito no son para cualquiera"; y la triste verdad que la malaria masiva dejó de ser un problema contable o de activos y pasivos; es una crisis social y de salud mental descontrolada. Estamos hablando de laburantes y jubilados que laburan o le dieron la vida a la provincia todo el mes y de golpe no tienen plata para comprar medicamentos, alimentos ni pagar la luz. El nivel de angustia es tal que hay testimonios de usuarios devastados que confiesan tener ideas de quitarse la vida ante la desesperación de quedarse en la calle. No hay bolsillo ni cabeza que aguante semejante manoseo.


Frente a este descalabro, el silencio de la política y de las instituciones actúa en complicidad. Llama poderosamente la atención que, a pesar del descalabro masivo que destruye la economía de miles de familias de la provincia, en ningún momento el Estado provincial haya tomado una sola medida ejemplar o puesto un límite claro al accionar del banco. Y la Justicia, bien gracias: tampoco ha intervenido de oficio ante semejante vulneración masiva de derechos elementales. Absolutamente nadie saca la cara ni frena el zarpazo sobre los haberes de la gente.


Con este panorama de sordera oficial y burla corporativa, la paciencia se agotó. Tras miles de intimaciones ignoradas y un tendal de promesas incumplidas en el tacho de basura, (según pudo constatar este medio) en estas horas ya se está organizando y preparando una gran denuncia masiva y demanda colectiva para frenar de una vez por todas esta máquina de asfixiar. Cuando el abuso es la regla y las respuestas son una tomada de pelo, la respuesta colectiva es el único camino que queda para volver a respirar.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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