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Sobre la potencial desapareción del Glaciar Perito Moreno

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • 2 abr
  • 2 min de lectura

Hay algo que en El Calafate nadie quiere ni siquiera imaginar: que el glaciar Glaciar Perito Moreno desaparezca. Pero pará, no es ninguna película falopa. Hoy ya está retrocediendo como nunca antes. Lo que durante años nos vendieron como eterno, ahora está empezando a aflojar feo.

Ahora hagamos el ejercicio más fulero de todos: ¿qué pasa si esto sigue así? ¿Qué pasa si un día el glaciar directamente no está más?


Primero, lo obvio pero devastador: El Calafate se queda sin su motor económico. No hay vuelta. El glaciar no es un atractivo más, es el negocio entero. Sacás eso y se te desploma todo. Hoteles vacíos, excursiones canceladas, guías sin laburo, bares y restaurantes secos. Una ciudad diseñada para un flujo constante de turistas que de golpe desaparece.


Y ahí entra algo todavía más fulero: la identidad hecha pelota. Porque El Calafate no es solo una ciudad con un glaciar cerca. Es una ciudad que existe por ese glaciar. Es relato, es marca, es orgullo. Sin eso, queda como un decorado vacío, un lugar que ya no sabe bien qué es.


Después viene el otro golpe, igual de fulero: el impacto ambiental. Porque los glaciares no son solo una postal linda. Son reservas de agua dulce, reguladores del clima local. Si desaparecen, cambia todo: el Lago Argentino, la fauna, la temperatura, los equilibrios del ecosistema. Es un efecto dominó que no lo frenás fácil.


Pero lo más fulero de todo, lo más incómodo —bah, lo más jodido de admitir— es esto: el propio turismo que vive del glaciar también lo está empujando al límite.


Porque no es gratis llevar miles de personas todos los días hasta ahí. Las embarcaciones que recorren el lago queman combustible, largan emisiones, alteran el entorno. Los autos, los micros, las combis hacen lo mismo: más carbono, más presión sobre un sistema que ya está al borde. Sumale el crecimiento urbano, la infraestructura, el consumo… todo eso deja huella.


Entonces se arma una contradicción bastante fulera: la ciudad vive del glaciar, pero al mismo tiempo lo va desgastando. No es el único factor —el cambio climático juega pesado— pero el turismo suma, empuja, acelera. Es como vivir de algo mientras, de a poco, lo vas haciendo desaparecer.


Y encima, el Perito Moreno siempre fue la excepción. Mientras otros glaciares se venían achicando, este aguantaba. Era el que nos permitía decir “tranqui, no pasa nada”. Bueno, ya no. Ahora también está entrando en la misma lógica: retrocede, pierde masa, acusa el golpe.


Entonces la pregunta no es si desaparece mañana. La pregunta posta es: ¿qué carajo pasa con El Calafate si eso ocurre?


Y la respuesta es brutal: se puede transformar en un pueblo fantasma.


Menos gente, menos laburo, menos movimiento. Temporadas cada vez más flojas hasta que ya no hay temporada. Negocios cerrados, casas en venta, una ciudad que empieza a vaciarse porque perdió lo único que la sostenía.


Porque si el glaciar se va, no se lleva solo hielo. Se lleva la economía, la identidad… y una mentira bastante cómoda: que algunas cosas eran para siempre.


Y no. Ni ahí.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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