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Tras la muerte del Subcomisario Trujillo, la Policía de Santa Cruz dice basta

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 6 días
  • 3 min de lectura

El paro y las medidas de fuerza que comenzaron a desplegarse en toda Santa Cruz tienen un origen concreto: la muerte del subcomisario Gabriel Trujillo. Para cientos de efectivos, su fallecimiento fue la gota que rebalsó un vaso que ya venía lleno de bronca, frustración y promesas incumplidas.

Trujillo tenía 39 años y se dirigía a cumplir un adicional en Cañadón Seco para sumar unos pesos más y sostener a su familia cuando fue embestido por un conductor alcoholizado sobre la Ruta Provincial N° 12. Tras permanecer internado en terapia intensiva en Caleta Olivia, finalmente falleció.


Y ahí la Policía dijo basta.


Porque no murió en una aventura ni en un viaje de placer. Murió laburando. Murió tratando de llevar más plata a su casa. Murió haciendo lo que hacen muchísimos policías santacruceños: reventarse de trabajo para llegar a fin de mes.


Por eso la bronca se expandió como reguero de pólvora por toda la provincia.


En las últimas horas comenzaron a levantarse carpas de apoyo y medidas de colaboración en distintas localidades. El reclamo es salarial, sí, pero también es mucho más profundo. Los efectivos denuncian que hace años vienen presentando notas, pedidos de diálogo y reclamos sin obtener respuestas concretas.


Mientras tanto, los precios se fueron al carajo y los salarios quedaron cada vez más atrás.


Según expresaron referentes policiales, cuando el Gobierno sale a hablar aparecen los procedimientos, los allanamientos, las estadísticas y los recursos operativos. Pero cuando hay que hablar de las condiciones en las que vive el personal, el tema parece desaparecer mágicamente de la agenda.


Y entonces surge una pregunta bastante jodida.


¿Cómo puede ser que un subcomisario de la Policía de Santa Cruz tenga que salir a hacer adicionales para completar los ingresos familiares? ¿Cómo carajo se llegó a normalizar que quienes tienen la responsabilidad de cuidar a la sociedad deban multiplicar jornadas laborales para poder sostener su hogar?


Para muchos efectivos, ahí está el corazón del conflicto.


Porque esto ya no pasa solamente por un porcentaje de aumento. Pasa por años de desgaste, por la sensación de que nadie escucha y por el convencimiento de que la situación llegó a un límite.


La muerte de Gabriel Trujillo terminó poniendo sobre la mesa una realidad que muchos conocían pero que pocos querían discutir.


Y hoy esa realidad se transformó en un paro provincial.


Las carpas que comenzaron a aparecer en distintas ciudades no son solamente un símbolo de protesta. Son la demostración de que la paciencia se agotó.


Porque cuando un trabajador pierde la vida mientras intenta ganarse unos mangos más para darle de comer a su familia, y esa muerte provoca una reacción en toda la fuerza policial, ya no alcanza con discursos, comunicados ni chamuyo político.


La Policía de Santa Cruz está diciendo basta. Y esta vez la bronca parece ser demasiado grande como para esconderla debajo de la alfombra de Casa de Gobierno.


Ahora observe el querido lector de Santa Cruz nuestro lugar que lo realmente verga aquí es que todo esto ya dejó de ser un problema exclusivo de la Policía. La bronca que se ve en las calles y en las comisarías no salió de un repollo. Viene de años de desgaste, de promesas pateadas para adelante y de una sensación cada vez más extendida de que el esfuerzo vale cada vez menos. Cuando la muerte de un trabajador genera semejante sacudón en toda una provincia, es porque hay algo que viene funcionando para el orto desde hace rato y ya nadie puede hacerse el distraído. Porque no se trata solamente de un salario ni de una paritaria. Se trata de una provincia donde demasiadas cosas parecen estar atadas con alambre. Cuando la salud vive en emergencia permanente, la educación acumula conflictos, la economía le rompe el lomo a los laburantes y hasta quienes tienen la responsabilidad de brindar seguridad deben hacer malabares para sobrevivir, es evidente que hay algo que se fue al carajo. Y por más prensa institucional que haya, la realidad tiene una costumbre bastante chota: tarde o temprano termina pasando factura.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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