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Ya no puedo pagar la tarjeta de crédito

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 23 minutos
  • 2 Min. de lectura

—Hola, buenos días, somos de la tarjeta… ¿el señor Fernando Cabrera?

—Sí, él habla—. Mire, no me llame más. La verdad, este mes no voy a poder pagar el resumen. Gracias, disculpe.

Esta escena, que antes daba un poco de vergüenza ajena, hoy es moneda corriente. No es un caso aislado, no es “el que se desordenó”: es un país entero haciendo malabares con la billetera vacía.


Los números no mienten. El Banco Central tiró un dato que pega como cachetazo: la morosidad ya está en el 10,6%. La más alta en una década. Traducido al criollo: cada vez más gente deja de pagar porque, simplemente, no llega.


Y ojo, porque esto no es solo el que se compró una tele en 18 cuotas y se le fue de las manos. No. Acá estamos hablando de algo más heavy: gente usando la tarjeta para el súper. Para la comida. Para el pan de cada día. Lo que antes era “me doy un gusto”, ahora es “llego a fin de mes”.


Se rompió algo básico. La lógica del crédito. Antes era una herramienta para crecer o darse un gusto medido. Hoy es un salvavidas pinchado.


Mientras tanto, desde distintas defensorías del pueblo del país se juntaron, pusieron todo esto sobre la mesa y llegaron a una conclusión bastante obvia pero necesaria: el problema es económico. No es falta de educación financiera, no es desorden individual. Es un sistema que viene tensionando hace rato y ahora cruje fuerte.


Cada provincia con su realidad, sí. Pero hay algo que nos iguala a todos: la guita no alcanza. Y cuando no alcanza, aparece el endeudamiento. Primero el formal, el de la tarjeta. Después el otro, el más jodido, el informal, el que te cobra intereses que te comen vivo.


Por eso ahora están empujando un amparo colectivo para frenar los intereses de esas deudas. Una especie de “pará la mano” institucional antes de que esto se desmadre del todo. Porque la preocupación ya no es solo la deuda: es la velocidad a la que crece.


El diagnóstico es claro: familias cada vez más ahogadas, ingresos que no acompañan y un contexto económico, político y social que no da respiro. Y los más golpeados, como siempre, los más vulnerables.


La pregunta cae de madura: ¿hasta cuándo se puede vivir financiando lo básico? Porque una cosa es patear una cuota. Otra muy distinta es patear la comida.


A modo de cierre, la pregunta para el querido lector de Santa Cruz Nuestro Lugar es: ¿Te está pasando? ¿Estás usando la tarjeta para cosas que antes pagabas en efectivo? ¿Sentís que se te fue de las manos o que, directamente, no te dejaron otra?

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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