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14, El borracho

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • 8 may
  • 2 Min. de lectura

No es chiste, ni lapsus, ni metáfora: al nuevo jefe de la Iglesia los quinieleros viejos lo llaman “14, el borracho”. Y no por una anécdota de conventillo o por haber brindado de más en la Capilla Sixtina, sino por el peso simbólico, casi bíblico, de cargar con ese número en la espalda: León XIV. El catorce. El que viene después de Francisco y hereda un Vaticano que hace agua por todos lados, aunque no le falten fieles.

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¿Qué le espera a la Iglesia con este nuevo Papa? Dependerá de qué tan sobrio esté el timón con el que decida pilotear esta barca milenaria. Porque si algo sabemos es que el catolicismo está navegando en aguas picadas: escándalos de abusos que no paran de salir, curas que se organizan en redes más oscuras que la sotana, y un aparato institucional que muchas veces parece más preocupado por tapar que por sanar.


Ahora bien, León XIV tiene dos caminos: o se abraza a la ortodoxia como quien se cuelga de un salvavidas de plomo, o se anima a patear el tablero. ¿Se va a plantar con los sectores conservadores que quieren volver a decir misa en latín como en el siglo XVI? ¿O va a abrir la puerta, aunque sea un poquito, para discutir temas que la grey viene pidiendo desde hace décadas?


Dicen que tiene cara de póker pero espíritu de francotirador. Que habla poco, pero cuando habla, corta al hueso. Que viene con ganas de sacudir la modorra vaticana, sobre todo en la Curia, ese enjambre de trajes oscuros que muchas veces decide más que el propio Papa.


Y ojo: el mundo no está para medias tintas. La guerra, el hambre, el cambio climático y la desigualdad interpelan también a Roma. No alcanza con bendiciones vía Twitter ni con selfies con monjas activistas. El rol geopolítico del Vaticano puede pesar. La pregunta es si León XIV (cardenal norteamericano cuyo nombre verdadero es Robert Francis Prevost Martínez) a sus 69 años de edad está dispuesto a bancarse el puesto o si terminará, como algunos temen, girando en círculos entre cónclaves y encíclicas, mientras el mundo se prende fuego.


Por ahora, el apodo lo persigue como un fantasma de esos que no se exorcizan fácil. “14, el borracho”. Porque en estos tiempos que corren, o te emborrachás de poder, o te mareás de realidad. Y el nuevo Papa, guste o no, ya se sirvió la copa (o el santo cáliz).

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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