¿Alguien vio a Jairo?

En la política santacruceña si no tenés cintura, los fuegos artificiales duran lo que un suspiro. Hace un año, Jairo Guzmán caminaba con aire de sheriff, protegido por el paraguas de Milei y con la chapa de funcionario que parecía blindarlo de cualquier tormenta. Hoy, sin ese blindaje, su figura se achica a la velocidad de un globo que pierde aire.

Y aquí la pregunta es inevitable: ¿qué queda de Guzmán sin Milei? ¿Un dirigente con estructura propia o apenas un personaje prestado? Porque lo cierto es que su capital político siempre dependió más del arrastre del otrora León que de un trabajo de base real en Santa Cruz. Y cuando la ola nacional empieza a bajar, los que estaban montados en la espuma quedan varados en la orilla, mostrando lo que son en serio.
Encima, el recuerdo del escándalo del “10% en PAMI” sigue oliendo fuerte. Ese episodio, con denuncias judiciales incluidas, dejó la sensación de que la gestión se movía más en clave de rosca y apriete que en clave de servicio. Y cuando la gente percibe que atrás de las consignas libertarias hay más negocios que convicciones, el costo político es letal.
En un ecosistema -el buen lector de Santa Cruz nuestro lugar le dirá "estuario"- donde Claudio Vidal también pierde su cuota de poder territorial, Guzmán aparece sin brújula, sin base y sin el arrastre nacional que lo sostuvo. Si se midiera hoy en una elección, difícilmente superaría un dígito. O sea: se le cayó el decorado y quedó la madera pelada.
La política local es feroz con los improvisados. Santa Cruz no perdona a los que dependen de la moda del momento para legitimarse. Y la moda libertaria, que en su momento encandiló a muchos, empieza a mostrar las costuras. Guzmán, que compró personaje más que ideas, corre el riesgo de convertirse en un mal recuerdo de resaca.
Por eso la pregunta no es caprichosa: ¿alguien vio a Jairo? Porque en la calle ya casi ni se lo nombra, y en la política, el silencio es la antesala del olvido.
Por @_fernandocabrera




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