top of page

Claudio Vidal nos ofrece vivir más endeudados pero felices

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 4 horas
  • 2 Min. de lectura

Hay algo profundamente ridículo —y bastante ofensivo— en cómo nos quieren vender ciertas “soluciones”. Porque no es que no lo entendemos: lo entendemos perfecto. Lo que pasa es que no nos lo creemos.

El gran anuncio de Claudio Vidal vino con bombos y platillos: un plan para que puedas pagar lo que debés. Dos meses de gracia, tasas “preferenciales”, cuotas más “amigables”. Todo muy prolijito, todo muy presentado como si fuera un salvavidas en medio del naufragio.


Ahora bien… ¿en qué momento normalizamos que el Estado te ayude a pagar deudas en lugar de evitar que te endeudes hasta el cuello?


Porque el problema no es la cuota. El problema es que el sueldo no alcanza. Así de simple. Así de brutal.


Te lo traduzco en santacruceño: te están ofreciendo un mejor asiento en el Titanic. Más cómodo, sí. Pero el barco se sigue hundiendo igual.


Es como si viniera alguien, te viera con el agua hasta el cuello y te dijera: “quedate tranquilo, te conseguimos un balde más grande para sacar el agua”. Y vos pensando: “¿y si mejor cerramos la filtración, capo?”


Pero no. Acá la solución (ponele) es refinancia; es patear para adelante; es que ahora vas a deber más cómodo, más relajado, con una sonrisa, casi agradecido.


Y encima te lo venden como política pública con “impacto concreto en la vida cotidiana”. Y sí, claro que impacta: te organiza mejor la miseria.


Porque cuando tenés el 75% del sueldo ya comprometido antes de que te llegue al bolsillo, no estás en una situación financiera complicada. Estás en una trampa. Y la salida no es renegociar la cadena, es romperla.


Pero eso implicaría hablar de sueldos. De ingresos. De poder adquisitivo. De por qué laburás todo el mes y seguís debiendo. Y ahí ya no hay tanta conferencia de prensa, ¿viste?


Es más fácil hacer ingeniería financiera con la desesperación de la gente que tomar decisiones incómodas de fondo.


Entonces te dan dos meses de gracia. Dos meses para respirar. Dos meses para ilusionarte. Y después… volvés al mismo lugar, pero con un Excel más ordenado. Un lujo.


Lo más irónico de todo es que te lo presentan como si te estuvieran haciendo un favor. Como si el problema fuera tu mala administración y no un sistema que te empuja a endeudarte para sobrevivir.


No, no es un alivio. Es un parche prolijo arriba de una herida que sigue abierta.


Y mientras tanto, seguimos festejando que nos ayuden a pagar lo que nunca deberíamos haber necesitado deber.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

Comentarios


bottom of page