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¿Cuáles fueron los centros clandestinos de detención en Santa Cruz?

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Según el Archivo Nacional de la Memoria, en su Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (RUVTE), la provincia de Santa Cruz tuvo identificados cuatro lugares que funcionaron como centros de detención ilegal durante la última dictadura. No es un número grande si lo comparás con otras provincias, pero tampoco da para minimizar nada: con poco armaron un circuito que igual hizo daño.

Todo ese esquema se concentró en Río Gallegos. Ahí operaron la Comisaría 1ª, la Comisaría 2ª, el Destacamento Policial de Güer Aike y la Unidad Penal N°15. Lugares conocidos, parte del día a día, edificios que cualquiera ubica sin esfuerzo. Y ahí está lo que incomoda de verdad: no eran sitios escondidos en medio de la nada, eran espacios integrados a la ciudad, a la rutina, a la vida común. La represión no estaba lejos, estaba ahí nomás.


La Unidad 15, por ejemplo, no fue solo una cárcel más. En ese contexto se volvió una pieza dentro de un engranaje más grande, donde la línea entre lo legal y lo clandestino se borraba a propósito. Podías entrar por una puerta institucional y terminar en un circuito donde las garantías no existían. Eso es lo que define a estos lugares: no eran improvisados, eran funcionales a un sistema.


En Santa Cruz la lógica fue distinta en escala, pero no en intención. No hubo mega centros clandestinos como en Buenos Aires o Córdoba, pero sí nodos puntuales, bien controlados, que alcanzaban para sostener el mismo mecanismo represivo. Menos volumen, misma lógica. Más chico, pero igual de aceitado.


El valor del mapa del RUVTE es justamente ese: te ubica. Te dice “fue acá”. Te baja la memoria del plano simbólico al territorio concreto. Ya no es una historia lejana, es geografía pura, calles, edificios, lugares que siguen existiendo.


Y si uno afina un poco la mirada, hay otro dato que incomoda todavía más. En Santa Cruz no solo actuaron las fuerzas de seguridad o el Ejército. También hubo estructuras civiles que siguieron funcionando, intendentes que ocuparon sus cargos mientras respondían a la lógica del poder militar. No eran figuras decorativas: administraban, gestionaban, tomaban decisiones en un contexto donde la autonomía política estaba directamente subordinada.


Observe el lector de "Santa Cruz nuestro lugar" que esto mismo nos obliga a pensar la dictadura en la provincia con menos ingenuidad. No fue solo algo que “vino de afuera”. Hubo articulación local, hubo engranajes que siguieron girando con normalidad aparente mientras el sistema represivo operaba. Y ahí es donde la memoria se vuelve más incómoda, pero también más necesaria: porque no alcanza con señalar los lugares, hay que entender también cómo funcionó el poder en todos sus niveles.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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