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De pintar escuelas a apagar incendios en El Chaltén

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 20 horas
  • 2 Min. de lectura

Che, ¿vieron lo que es el despliegue mediático en El Chaltén? La verdad que el aparato de difusión del Gobernador Vidal es de manual, pero de un manual que ya tiene las hojas amarillas y olor a humedad de tanto estar fondeado en la biblioteca Juan Hilarión Lenzi.

Están repitiendo la misma estrategia demagoga de cuando arrancó la gestión, ¿se acuerdan del acting del overol? Ese circo de ir a pintar escuelas para las cámaras, que al final fue puro humo porque la infraestructura escolar en Santa Cruz se terminó cayendo a pedazos, demostrando que el pincel no tapa las grietas del abandono ni la falta de inversión real.


Ahora, con el fuego lamiéndonos los talones en la zona de la cordillera, lo mandan a Vidal al frente de batalla, pero no va con soluciones de fondo sino para el flash de la prensa. Es un déjà vu berreta que, desde una mirada semiótica, termina incinerando la propia figura gubernamental al acercarla literalmente a las llamas. Al tipo lo muestran ahí, en medio del caos, dándole la mano a lo tonto a cada brigadista que entra a jugarse el pellejo con recursos de miseria. Es una imagen vacía de contenido pero cargada de un cinismo que arde, porque intentar capturar la épica del héroe en un escenario de desprotección total es, como mínimo, un insulto a la inteligencia del santacruceño.


Lo más grave de este operativo de marketing es que este desastre se podría haber combatido mano a mano si no fuera por el motosierrismo explícito que aplicaron. No nos olvidemos que personal de muchísima experiencia y años de lomo curtido fue echado a la calle por los recortes que sus propios diputados, Gadano, Carambia y Garrido, le votaron en su momento a Milei sin que se les mueva un pelo. El resultado de esa obsecuencia es un incendio que arrancó con apenas veinte brigadistas intentando frenar el infierno, sin contar siquiera con paradores en los senderos troncales para las cuadrillas que se sumaron tarde y a las apuradas.


Esta disfuncionalidad institucional, donde se prioriza la pose para la foto por sobre la gestión de la emergencia, anuncia un verdadero desmadre para lo que resta del mandato. No podés pretender apagar un incendio con la misma mano con la que firmaste los despidos de los que sabían cómo pararlo. Al final, la imagen del gobernador saludando entre el humo se vuelve un búmeran: lo que se quema no es solo el bosque, es la credibilidad de una gestión que, a falta de gestión real, intenta manotear un protagonismo que no le pertenece.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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