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"DØSIS DE CONFIANZA" para caminar por la ría

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 12 minutos
  • 3 Min. de lectura

Es una mañana más, de tantas. 05 AM, mi horario fijo para salir a caminar por la ría. Río Gallegos todavía está dormido, en modo avión total. Verano del sur: mañana planchada, sin viento, frío leve, de esos que no molestan. Todo quieto, como si el día todavía no hubiera firmado el ingreso.


Salgo sin pensar demasiado. Arranco por Cepeda, que sin avisar se vuelve Progreso Mata, y empiezo a patear. El paso va solo, mecánico, mientras la cabeza va y viene, medio vacía, medio armando ideas. Me calzo los auriculares y listo: DØSIS DE CONFIANZA . No hay debate interno. Hace días que “Una Dosis de Confianza” es la banda sonora de estos paseos que hago antes de volver a casa y sentarme a escribir.


Arranca 1ra Dosis: Vértigo y todo encaja. Es un disco nervioso, inquieto, ideal para caminar mientras amanece. Excitación, Perdido, Te juro que no entiendo. Temas que no buscan agradar, que no explican nada, pero acompañan. Rock indie sin careta, letras al hueso. Toda la discografía está en Spotify, y a esta hora se escucha distinto, más directa.


Mientras camino pienso —porque a esta hora uno flashea— que si hay algo que Río Gallegos es, es una usina de música experimental, aunque muchos no lo vean. De acá salen cosas con identidad, con riesgo, con incomodidad honesta. DØSIS DE CONFIANZA, banda indie que hoy se mueve en Buenos Aires, está liderada por Tomi y Santi Cabral, dos riogalleguenses que no cortaron nunca el lazo con el sur. Y eso se siente en cada tema.


Llego hasta el macá gigante, ese bicho enorme que siempre está ahí, bancando la parada como si fuera parte del paisaje emocional de la ciudad. Ahí veo a una señora con binoculares, haciendo avistaje, concentrada. Bajo un cambio, me saco los auriculares y nos ponemos a charlar. Charla tranquila, de vereda, sin apuro, como si el día todavía no hubiese arrancado del todo. De esas charlas que no se fuerzan: se dan.


En un momento la cosa se pone medio filosófica, pero bien al ras del piso. Ella tira:

—Los hombres mienten porque las mujeres nos enamoramos de lo que escuchamos.


Yo le sumo, sin vueltas:

—Y las minas se maquillan porque los hombres nos enamoramos de lo que vemos.


Nos miramos y sonreímos. Complicidad breve, sincera. Cómo si supiéramos que sin querer abordamos un tema de Oscar Wilde.


Antes de irnos cada uno para su lado, me mira fijo. No pregunta: afirma. Me dice que, a pesar de mi juventud —detalle totalmente discutible—, ve a un tipo solitario. Y remata, tranquila, sin dramatismo:

—Ud. y yo tenemos una charla típica de gente solitaria, ¿sabe?


Nos despedimos. Sigo caminando con la aurora ya instalada sobre la ría. Me vuelvo a poner los auriculares y retomo la escucha. Cambia el clima: entra 2da Dosis: Osadía. Otro viaje. Más madurez, más decisión. Feliz Final, Miento, Libérenme, Asfixia. Cuatro temas justos, sin relleno. (Todo eso también está en Spotify, para el que quiera escuchar sin distracciones).


Camino pensando en el show que dieron  en Pueblo Chico, el 5 de diciembre, en la banda volviendo al pago, en Tomi y Santi Cabral tocando en casa, reafirmando de dónde vienen. La música acompaña, ordena, baja un cambio.


Vuelvo cuando ya son casi las seis. Apago la música recién en la puerta. Entro, me siento en el escritorio y empiezo a redactar, como cada mañana.


Es así.

Ría, auriculares, caminar.

Y  DØSIS DE CONFIANZA marcando el pulso.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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