Emotiva carta abierta de un policía de Santa Cruz
- Santa Cruz Nuestro Lugar
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En Santa Cruz hay algo que se está rompiendo hace rato, pero ahora empezó a crujir fuerte. No es relato opositor, no es un panfleto armado desde afuera. Es la voz de alguien que está adentro del sistema, embarrado hasta las rodillas. La “Carta Abierta de un Policía” de Ariel Cuadrado no pide permiso: te pega de frente y te deja incómodo.

“Soy policía. Y sí, estoy cansado”. Arranca así, sin vueltas. Y ya con eso te pinta el cuadro entero. Porque no es el cansancio de una guardia larga, es el agotamiento de bancarse un sistema que —como dice él— “no lo sostiene”. Y ahí es donde la cosa se pone espesa: cuando los que tienen que sostener el orden están desbordados, el problema deja de ser sectorial y pasa a ser estructural.
En la Santa Cruz de Claudio Vidal, el discurso del cambio ya empieza a sonar medio flojo de papeles cuando lo contrastás con estas realidades. Porque no alcanza con pararse como el tipo que vino a ordenar la casa si adentro siguen pasando estas cosas. Y ojo, no es solo una cuestión salarial —que ya de por sí es grave—, es una cuestión humana.
Cuadrado lo dice sin maquillaje: si hablás, te castigan. Te sacan el arma, te clavan un sumario, te dejan en bolas. Entonces, ¿qué hacen? Lo que el sistema les enseñó desde siempre: aguantar y cerrar el pico. Y ese silencio, dice, “ya se llevó a varios”. No es una metáfora linda para una columna. Está hablando de compañeros, de gente que no aguantó más, de familias hechas mierda.
Y acá es donde la política queda en offside. Porque después vienen los números, las estadísticas, los informes prolijitos. Pero nadie se hace cargo. Nadie dice “che, capaz estamos haciendo todo mal”. Nadie frena la pelota. Se habla de seguridad como si fuera un Excel, pero se ignora que atrás hay tipos que no llegan a fin de mes, que salen a la calle con la cabeza detonada, con problemas en la casa, con miedo de hablar.
“Hoy ser policía también es pelear para comer”, tira Cuadrado. Y eso en una provincia que nada en recursos es directamente un papelón. Porque mientras desde arriba bajan discursos épicos, abajo hay gente viendo cómo paga el alquiler. Y aun así tienen que salir, poner la cara, sostener una institución que no los cuida.
El remate de la carta es una trompada: “el uniforme no puede fallar. Pero el que está adentro… sí se está rompiendo”. Y ahí no hay grieta que te salve. No es ideología, es realidad cruda.
Entonces, ¿qué hace el gobierno con esto? ¿Mira para otro lado como viene haciendo? ¿O se hace cargo de que hay una bomba de tiempo dentro de una de las estructuras más sensibles del Estado?
Porque si el sistema sigue así, no es solo un problema de los policías. Es un problema de todos. Y cuando los que tienen que cuidarte están al borde, el riesgo ya no es potencial. Es inminente.
La carta no pide lástima. Pide algo mucho más incómodo: responsabilidad. Y esa, hasta ahora, viene brillando por su ausencia.
Por @_fernandocabrera
