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Foro de Llao Llao: A los dueños de Argentina ya no les gusta un carajo Milei

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 10 minutos
  • 3 Min. de lectura

Así como el mundo pertenece al Grupo Bilderberg, Argentina también tiene a sus verdaderos dueños juntándose, lejos del ruido y de la gente común, en la Cumbre de Llao Llao. Una especie de club VIP donde no entra cualquiera: ahí no hay cola, no hay inflación, no hay changas que no alcanzan. Ahí hay champagne, jets privados y tipos que juegan a definir el destino del país como si fuera una timba… con millones de personas como fichas.

El escenario no es casual: el Hotel Llao Llao, esa postal de lujo que alguna vez fue del Estado y que en los ‘90 terminó en manos del grupo de Eduardo Elsztain. Desde ahí, con vista al lago y cero contacto con la realidad, fueron cayendo los de siempre: Federico Braun, Marcos Galperin, Martín Migoya, Guibert Englebienne… una mesa chica que junta fortunas obscenas, del orden de los 18 mil millones de dólares. Una cifra que, para el argentino promedio, suena directamente a ciencia ficción.


El relato oficial de este cónclave es “defender a los emprendedores”, con el sello cool de Endeavor. Pero mientras adentro brindan por la “innovación”, afuera se acumulan más de 24 mil empresas cerradas y una recesión que te aprieta la garganta. Hermoso el PowerPoint, pero la calle te cachetea.


Ni siquiera todos los peces gordos están cómodos. Hay ausencias que hacen ruido. Cuando un presidente como Javier Milei se pone a boludear industriales o a decir que le da lo mismo producir acá o en la otra punta del mundo, la cosa deja de ser chiste. Porque una cosa es bancar el experimento y otra muy distinta es prenderse fuego con él.


Y mientras tanto, desde el costado, algunos más racionales como Alfonso Prat-Gay tiran una obviedad que en ese hotel parece revolucionaria: loco, esto necesita crecimiento. No podés pedirle a la gente que se ajuste eternamente sin mostrar un carajo de mejora concreta. Porque el sacrificio infinito no enamora, agota.


Las encuestas, que estos tipos miran como si fueran la bolsa, ya están marcando alerta roja. La imagen de Milei tiene una negativa arriba del 60% —rondando el 62%— y la positiva sigue cayendo a mínimos. Mientras tanto, Myriam Bregman aparece como la única con diferencial positivo. Axel Kicillof mide cerca de 46% positiva contra 36% negativa. Incluso Patricia Bullrich y Cristina Fernández de Kirchner empiezan a quedar mejor parados en imagen que el propio presidente. Traducido: el experimento hace agua y hasta los que lo inflaron lo están viendo.


Y ahí viene lo más turbio. Porque estos tipos no se quedan llorando sobre el champagne. No: recalculan. Siempre recalculan. En los pasillos alfombrados del Llao Llao ya no solo se habla de cómo sostener este Frankenstein con motosierra que ellos mismos parieron, sino de cómo reemplazarlo sin que se les caiga el negocio. Empiezan a circular nombres, a inflarse figuras, a testear “outsiders” más dóciles, más presentables, más vendibles. Hasta aparece en el radar gente como Dante Gebel, un perfil que mezcla carisma, discurso emocional y llegada masiva. ¿Te suena raro? A ellos no. Ellos no buscan coherencia: buscan eficacia.


Porque si algo tienen claro es esto: el poder no se entrega, se recicla.


Entonces, mientras vos estás viendo cómo llegar a fin de mes, ellos ya están armando el próximo capítulo. Ya están diseñando el nuevo envase, el nuevo relato, el nuevo “salvador” que te van a vender por cadena nacional o por algoritmo. Hoy fue la motosierra; mañana puede ser la sonrisa motivacional, el coach espiritual o el empresario cool que “sí entiende a la gente”.


Y vos, nosotros, los del llano… seguimos siendo la variable de ajuste en sus experimentos.


La pregunta no es qué están planeando.La pregunta es si esta vez lo vamos a volver a comprar.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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