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En Santa Cruz la Ley de Emergencia es un hecho

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 25 minutos
  • 3 Min. de lectura

En Santa Cruz ya no se discute si hay Ley de Emergencia. Se discute cómo la van a disfrazar para que pase sin que haga tanto ruido. Porque cuando te sentás a mirar los números sin verso, la película es bastante simple: la Provincia está en bolas, Nación tiró un salvavidas de 100 mil millones… y ese salvavidas viene con letra chica. No escrita en negrita, pero clarísima para cualquiera que entienda cómo se mueve el poder.

A ver, ordenemos el quilombo.


El Gobierno de Claudio Vidal salió a juntar gremios, a “abrir el diálogo”, a decir que capaz “faltó comunicación”. Traducción criolla: salieron a blanquear que la cosa es más fulera de lo que venían contando. Porque cuando un Ejecutivo convoca de urgencia y empieza a aclarar lo que “no es” la ley —que no es reforma previsional, que no es congelamiento, que no es ajuste—, lo que está haciendo en realidad es marcarte por dónde viene la mano sin decirlo de frente.


Y mientras tanto, desde Nación baja la guita. Pero no es un regalo, ni una caricia federal. Es un anticipo de coparticipación con devolución automática y tasa del 15%. O sea: te presto hoy lo que mañana te voy a descontar antes de que lo veas pasar. Un adelanto para tapar agujeros urgentes… que te deja más apretado el mes que viene.


Entonces, ¿de verdad alguien cree que la Ley de Emergencia es “una herramienta opcional”? Dale.


Podés no decirlo en voz alta, pero el vínculo es evidente: sin orden fiscal, no hay más auxilio. Y “orden fiscal” en el diccionario actual no significa magia ni crecimiento explosivo: significa ajuste. Más fino, más gradual, más “dialogado” si querés… pero ajuste al fin.


Ahí entra la famosa ley.


Porque la emergencia no es solo un papel: es el paraguas legal para tomar decisiones incómodas. Reperfilar pagos, pisar aumentos, administrar paritarias con freno de mano, estirar obligaciones, priorizar caja. Todo eso que ningún gobierno quiere hacer con las manos atadas.


Por eso el discurso oficial es tan cuidadoso. Luxen te dice que la herramienta “puede acelerar negociaciones”. Elmiger te aclara lo que “no incluye”. Y entre línea y línea aparece la verdad: necesitan margen para manejar una caja que no cierra.


Y ojo, acá no hay inocentes.


Nación no te tira 100 mil millones porque sí. Te los tira porque necesita que las provincias no le exploten en la cara. Pero tampoco los regala: te ordena primero, te asiste después. Es la lógica del momento. Y Santa Cruz, con déficit, caída de ingresos y un Estado pesado, entra justo en ese molde.


Entonces el encuentro con los gremios no fue un gesto de apertura épica. Fue otra cosa:

el momento en que el Gobierno empezó a sincerar que el ajuste es inevitable, pero lo va a contar en cuotas y con eufemismos.


Hoy es “herramienta financiera”.

Mañana es “reordenamiento”.

Pasado es “priorización del gasto”.


Pero el fondo no cambia: cuando la plata no alcanza, alguien paga el costo. Y en general no es el Excel.


Así que no, no es una discusión técnica ni semántica. Es política pura.


La Ley de Emergencia va a salir. Reformulada, maquillada, más “clara”, más “consensuada”, con dos o tres cambios cosméticos para que duela menos. Pero va a salir. Porque no es solo una decisión provincial: es la condición implícita de un esquema donde Nación te sostiene… siempre y cuando te ajustes.


Y eso, aunque nadie lo diga así de crudo en conferencia de prensa, ya está pasando.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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