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Estamos terminando con el Glaciar Perito Moreno

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 13 minutos
  • 3 Min. de lectura

Tranqui igual, eh. Subamos otra selfie, pongamos “naturaleza pura” y listo. Total el hielo aguanta. ¿O no?

En apenas dos meses el Glaciar Perito Moreno mostró retrocesos visibles, grietas nuevas y desprendimientos fresquitos en el sector norte, el que da al Canal de los Témpanos. No es percepción, no es verso eco-hipster: es registro fotográfico sistemático difundido por Glaciarium – El Calafate junto con la Intendencia del Parque Nacional Los Glaciares. Dos meses de diferencia entre imágenes. Y el frente cambió.


Pero claro, seguro es casualidad. El glaciar “está sensible”.


Vamos a hablar en serio. El hielo retrocede cuando la temperatura promedio sube. La temperatura sube cuando llenamos la atmósfera de gases de efecto invernadero. Y esos gases salen de actividades humanas muy concretas. No del horóscopo.


Turismo masivo: vuelos constantes aterrizando en El Calafate, miles de litros de combustible quemados por avión. Un vuelo comercial puede emitir varias toneladas de CO₂. Multiplicalo por temporada alta. Después sumale traslados en combi, buses, autos alquilados, calefacción prendida 24/7 en hoteles, restaurantes explotados, excursiones a motor.


Y ya que estamos: los catamaranes que pasean turistas a metros del frente glaciar. Motores diésel funcionando a pleno, vibración constante, emisiones directas en un ecosistema ultra sensible. Pero eso sí, la experiencia “es única”. Claro que es única: estamos navegando al lado de un bloque de hielo milenario que depende de un equilibrio térmico finísimo… mientras le metemos combustión al lado.


Transporte cotidiano: cada litro de nafta libera aproximadamente 2,3 kilos de CO₂. Parece poco hasta que lo multiplicás por millones de litros diarios. Camiones, autos, colectivos viejos. Todo suma.


Industria petrolera y gasífera: extraemos carbono que estuvo millones de años bajo tierra y lo liberamos en décadas. Después nos sorprendemos cuando el termómetro global sube.


Generación eléctrica fósil: cuanto más consumimos —aires, estufas, electrodomésticos prendidos sin necesidad— más gas se quema para sostener la demanda.


Ganadería intensiva: metano en cantidades industriales. Gas mucho más potente que el CO₂ a corto plazo. Pero bueno, “es tradición”.


Deforestación: menos árboles, menos captura de carbono. Es como romper el sistema de filtrado del planeta y después quejarse de que el aire está sucio.


Consumo desmedido: ropa que dura una temporada, tecnología que cambiamos cada año, plástico descartable para todo. Cada producto implica extracción, transporte global y energía.


Cadena simple: Más emisiones → más calor retenido → más fusión superficial → más agua infiltrándose en grietas → más fracturas internas → más desprendimientos → retroceso del frente.


Física básica. No es ideología.


Y ojo: el Perito Moreno históricamente fue de los más estables. Justamente por eso el dato inquieta más. Si el “equilibrado” empieza a mostrar cambios rápidos, algo se está moviendo en el sistema.


Nadie individualmente derrite el glaciar. Pero el modelo que sostenemos sí. El combo completo: turismo sin límites finos, combustibles fósiles, consumo descontrolado, política tibia, economía extractiva.


Después nos paramos frente al hielo, filmamos un desprendimiento y decimos “wow, la fuerza de la naturaleza”. Sí, es poderosa. Pero no infinita.


El glaciar no está haciendo show. Está reaccionando.


Y mientras nosotros discutimos si esto es exageración o no, el frente norte ya cambió su forma. En dos meses.


Pero nada, tranqui. Subí la historia con un cartel que diga "No a la reforma de la ley de glaciares" . Poné el emoji de copito. Total, el hielo siempre estuvo ahí ¿No?

Por @_fernandocabrera

 
 
 
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