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Preocupación en el sector pesquero: Apuntan a delegados por presionar a que operario cumpla funciones tras haber dado positivo en test de alcoholemia

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 1 día
  • 3 Min. de lectura

El sector pesquero atraviesa un momento de máxima tensión luego de que la FEPA rechazara los controles médicos obligatorios para cobrar un aumento salarial. Empresarios advierten sobre el riesgo de vida en los puertos y la necesidad urgente de garantizar la salubridad e higiene laboral.

La seguridad laboral, la salubridad y la higiene en la industria pesquera han quedado en el centro de un escandaloso conflicto gremial que paraliza por estas horas las operaciones en la zona norte de Santa Cruz. La controversia, que venía gestándose en el marco de una tensa negociación salarial, estalló definitivamente de la peor manera ante la opinión pública con la filtración de un video proveniente de las cámaras de seguridad del puerto.


Las imágenes, registradas el pasado domingo 22 de marzo a las 20 horas, actuaron como el detonante de la indignación. En la cinta quedó en absoluta evidencia cómo delegados de base exigían a los gritos y bajo presión que se permitiera el ingreso a la zona de operaciones a un estibador que acababa de dar positivo en el test de alcoholemia. Este material visual no hizo más que exponer de manera cruda una realidad que los empresarios del sector vienen denunciando hace tiempo.


Es la primera vez que vemos a un sindicato defender la droga y el alcohol, manifestaron con profunda preocupación distintos empresarios pesqueros tras la difusión del video. Para el sector patronal, la negativa del gremio a realizar los controles preventivos representa un peligro mortal. Operar grúas, manipular cargas de toneladas y transitar por los muelles bajo los efectos de narcóticos o alcohol es una trampa que ya ha cobrado la vida de trabajadores en el pasado.


La disputa actual tiene como telón de fondo la liquidación de un aumento salarial del 15 por ciento acordado en paritarias. Las firmas pesqueras establecieron como condición indispensable para abonar este incremento que los estibadores se sometan a los exámenes médicos y de alcoholimetría correspondientes a la labor. En ese marco, el sindicato de guincheros, capataces y la estiba de la banquina chica ya perciben el aumento tras haber concluido con la revisión médica, la única que se ha negado a dichos controles es la estiba de la banquina grande y por lo tanto no han accedido al aumento salarial correspondiente.


Esto sucede por parte de la Federación de Estibadores Portuarios Argentinos (FEPA) que ordenó a sus afiliados rechazar de plano las pruebas, argumentando que se trata de medidas discriminatorias que atentan contra la ley de salud mental.


Los números oficiales respaldan la extrema preocupación empresarial por la higiene y la integridad física de los operarios. La actividad portuaria y pesquera es considerada un rubro de alto riesgo. Según los últimos datos de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, el sector de Agricultura, Caza, Silvicultura y Pesca registra una alarmante incidencia de 63,1 casos de siniestros cada mil trabajadores. Esta estadística obligó a las empresas a pagar alícuotas extraordinarias a las ART y a implementar políticas sanitarias estrictas para reducir los accidentes laborales. Exigir que el trabajador ingrese sobrio no es una cuestión administrativa, explican, sino una normativa básica de preservación de la vida humana.


El fraude de la plástica

Detrás de la férrea resistencia sindical a los controles de salud, asoma otro conflicto que las empresas buscan erradicar: el sistema conocido en la jerga portuaria como la plástica. Se trata de la credencial habilitante para ejercer como estibador.


Fuentes del empresariado denuncian que existe un mercado negro donde algunos titulares alquilan estas credenciales a terceros a cambio de quedarse con la mitad del salario. Las exigencias médicas y los controles de identidad en los ingresos están dejando al descubierto que más del 60 por ciento del padrón no llega ni al 40 por ciento de asistencia real en el año. Al exigir que la ley se cumpla, sostienen desde el sector, saltan a la luz estas maniobras de tercerización precaria que el sindicato se niega a ordenar por temor a perder un negocio rentable.


La pulseada continúa, pero el debate ya está instalado en los puertos de Santa Cruz: la intransigencia frente a los controles pone en evidencia la delgada línea entre la defensa de un derecho laboral y la negligencia de exponer a los trabajadores a un accidente fatal o de gravedad.

 
 
 

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