top of page

¡Qué miedo! ¡Apareció Lucas Oyarzo a cruzar a Grasso!

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 4 minutos
  • 2 Min. de lectura

Ah, mirá vos… apareció el sheriff libertario del teclado, Lucas Oyarzo, indignadísimo porque el intendente Pablo Grasso —según él— le “exprime el bolsillo” a medio Río Gallegos mientras tira la guita en “pavadas de género”. Un clásico: cuando no tenés gestión para mostrar, te armás una cruzada moral y listo, ya sos Churchill con WiFi.


Vamos por partes, como decía Jack el Destripador, pero con mate en mano.


Este perejil rapado con maquinita comprada en Temu, denuncia impuestos “hasta el último peso”. Ajá. Descubrió que los municipios cobran tasas. Fuerte revelación. En cualquier ciudad del país —y del mundo, ya que estamos— los servicios se financian con tasas: recolección, alumbrado, mantenimiento urbano. No con likes en Instagram ni con discursos anti-woke de 280 caracteres. Si la presión fiscal es alta, se discute con números. Con presupuesto en mano. Con comparativas. No con espuma en la boca y adjetivos de manual yankee.


Después viene el combo importado: “oficinas woke”, “marchas identitarias”, “foros militantes”. Decime que consumís reels de Miami sin decirme que consumís reels de Miami. En Río Gallegos, hablar de políticas de género no es organizar el Festival de Woodstock Progresista; es atender situaciones reales: violencia, desigualdad, asistencia. ¿O qué hacemos? ¿Miramos para otro lado porque queda feo en el relato libertario?


La pregunta estrella de Oyarzo —“¿Esto es lo que querés para el 2027?”— suena más a casting que a propuesta. Porque ojo: criticar es gratis. Gobernar no. Administrar una ciudad patagónica, con invierno de -5°C y costos logísticos que te hacen llorar, no es lo mismo que administrar un perfil de Twitter con foto épica y filtro dramático.


Y lo más pintoresco: la indignación selectiva. Si el Estado financia infraestructura, está bien. Si financia inclusión, es “secta”. Si el gasto coincide con tu ideología, es inversión. Si no, es despilfarro. Qué casualidad, ¿no?


En el fondo, lo que molesta no es el gasto: es el símbolo. Una bandera, una marcha, una oficina que no entra en el molde conservador. Y entonces se activa el manual libertario versión 2026: sobreactuar, simplificar y repetir “impuestos malos, ideología mala” hasta que parezca argumento.


Río Gallegos necesita debate serio, no cosplay de revolución fiscal. Si Oyarzo quiere discutir el presupuesto municipal, que lo haga con planillas, porcentajes y propuestas alternativas. Por ejemplo: ¿qué recortaría exactamente? ¿Cuánto representa ese gasto “woke” sobre el total? ¿1%, 3%, 10%? Porque tirar la palabra “millones” en Argentina es como decir “calor” en enero: no significa nada sin contexto.


Mientras tanto, el acting libertario suma reproducciones, pero no resuelve un solo bache.


La política local no necesita influencers indignados; necesita dirigentes que entiendan que gobernar no es hacer trending topic, sino hacerse cargo.


Y eso, te guste o no, requiere de algo más que hacerse el picante en las redes, sin dar explicaciones por el PAMI, por ejemplo.

Por @_fernandocabrera


 
 
 

Comentarios


bottom of page