Sury Ice y la nueva narrativa del HIP-HOP santacruceño

El rap siempre fue un terreno hostil para las pibas, un ambiente recontra masculinizado donde para hacerse un lugar había que bancarse la toma, medirse el lomo el doble y demostrar el triple solo para que te den cabida. Durante décadas la historia las arrinconó: o te masculinizabas para encajar con los pibes o te dejaban encasillada en el rol de adorno como corista o bailarina. Pero la jugada cambió de raíz gracias a las verdaderas jefas de la vieja escuela. Afuera, grosas como Roxanne Shanté se les plantaron de manos a los pibes en las batallas de rimas cuando era reguachina, Queen Latifah le tiró la posta al mundo con su rap consciente y MC Lyte demostró que una piba podía soltar un flow tan pesado como el de cualquiera.

De este lado del mapa la mecha la prendieron en los 90 las pibas de Actitud María Marta tirando hardcore-rap picante, la mítica Lady Killer marcando el terreno desde el under como DJ y rapera, y más acá en el tiempo Sara Hebe, Miss Bolivia o referentas del freestyle de plaza como La Joaqui y Brasita, que se plantaron en las barras a pura rima sangrienta.
Hoy el panorama es otro y el feminismo hip-hop está reconsolidado: las pibas no piden permiso, copan las plazas, rompen los escenarios, producen y se adueñan del mic con un discurso filoso que le pasa el trapo al machismo estructural. En esa misma línea de fuego y desde el sur profundo, Sury Ice la está rompiendo toda en la escena regional y de Río Gallegos; una piba de 26 años con un talento bestial que la saca del estadio y demuestra que la periferia austral tiene toda la posta para reconfigurar el movimiento.
Detrás del A.K.A. de Sury Ice está Jennifer. El nombre con el que hoy gira por los escenarios no salió de una fórmula rara: "Antes me presentaba como Jenny, pero buscando cositas dije: bueno, vengo del sur. Sur, y Ice por el frío, por el hielo. Al menos voy a representar el lugar de donde vengo", contó entre risas en su charla con Camila Canales y David Catrihuala en el programa Los '90 contraatacan de FM Wou!.
Su amor por la cultura urbana no nació de tradición familiar —en su casa se escuchaba más música romántica tipo Luis Miguel—, sino de la calle, las juntadas con amigos y su compinche July, profe de danzas sociales. En los inicios, Sury no estaba arriba del escenario tirando barras, sino bancando la parada desde la organización:
"Nos juntábamos entre dos o tres amigos e hicimos eventos donde vinieron artistas de la región y hasta de Punta Arenas. Juntábamos diferentes ramas: había grafiti, batallas de freestyle y películas. Antes de hacer música yo era la presentadora, hasta que me dejó de gustar ese lado por el dolor de cabeza que da organizar, pero así arranqué, por amor al arte".

Hoy Sury atraviesa la típica dualidad del artista emergente en Argentina. Mientras estudia una tecnicatura en Bromatología para asegurar una salida laboral rápida —"Quiero conseguir un laburo estable de ocho horitas y el tiempo que me resta dedicárselo a lo que me encanta", confiesa—, le mete con todo para elevar la vara de su proyecto. A pesar de definirse con total humildad como emergente y no como profesional por no tener teoría musical formal, sus ganas de aprender edición, fotografía y técnica vocal la empujan para adelante.
Esa humildad también se refleja en cómo habita un ambiente que históricamente fue de hombres:
"Me he sabido rodear con gente buena. En la ciudad son bastante más los chicos, pero nunca me hicieron la diferencia. Con mi forma de ser tampoco me dejo achicar; para ellos soy una más y para mí ellos también. Todos los pibes son un amor, me apoyan y meten la mejor".
Esa red de contención tiene nombre y apellido: la crew Torre 88. Un colectivo de amigos y artistas donde se retroalimentan entre grabaciones en el estudio y fechas en vivo. Ahí se mueve con Bruno (su DJ), el beatmaker Héctor "320", y colegas como Jonathan, Juancito Espinoza y Agus.
A la hora de cocinar los temas, Sury no improvisa. El trabajo con su productor "320" arranca desde la vibración de los beats, que se mueven en una onda chill con tintes de jazz y soul:
"Él me pasa las instrumentales y a mí me gusta armar la melodía en mi cabeza. Después elijo una temática (por ahí tirando a lo introspectivo o el desamor) y le voy poniendo la letra. Soy reperfeccionista, tardo un montón porque casi nunca me convence nada a la primera".
Esa dedicación ya dio sus frutos. Después de recorrer localidades como El Calafate, Río Turbio y Puerto Santa Cruz (donde se presentó en la Fiesta del Róbalo), Sury Ice lanzó su EP titulado Si nos hace falta amor, disponible en Spotify y YouTube. Esta producción es una muestra pura de autogestión: ella misma diseñó la portada basándose en fotos de su amigo Hugo, produjo los visuales y armó el concepto completo.
El momento para la escena local no podría ser mejor. Río Gallegos dejó de ser una plaza olvidada a la que bajaba un artista nacional cada mil años para convertirse en una parada obligada en las giras de la escena urbana. Con una comunidad de rap cada vez más sólida y el ojo de la industria puesto en el sur, Sury Ice se posiciona como una de las voces femeninas con más futuro para llevar la bandera de Santa Cruz a lo más alto.
Por @_fernandocabrera




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