TSJ: blindar la impunidad sale caro, y la cuenta la pagan los laburantes
- Santa Cruz Nuestro Lugar

- 18 may
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La provincia está detonada: ATE, Judiciales y ADOSAC anunciando paros, quilombo salarial por todos lados, paritarias que no llegan y servicios públicos funcionando de milagro. Mientras miles de familias no saben cómo mierda llegar a fin de mes, el oficialismo avanza desesperado con un endeudamiento gigantesco que podría hipotecar los próximos cuatro mandatos provinciales. O sea: se quieren ir dejando una mochila infernal que después va a pagar gente que hoy ni siquiera vota.

Y en medio de semejante desastre social, el poder decide ampliar el Tribunal Superior de Justicia de 5 a 9 miembros.
Entonces las prioridades quedan claritas. Porque nadie en Santa Cruz estaba pidiendo más muñecos en la Corte. Nadie sale de laburar diciendo “che, ¿sabés qué falta? Cuatro jueces supremos más”. Lo que falta son jueces en los juzgados comunes, fiscales, defensores, empleados judiciales y recursos para que la justicia deje de funcionar como una carreta oxidada.
Ese es el problema real.
Las causas comunes duermen años. Los expedientes se empolvan. La gente espera eternidades para resolver conflictos básicos. Hay oficinas colapsadas y estructuras hechas pelota. Pero para eso nunca hay plata.
Para salarios no hay plata.
Para escuelas no hay plata.
Para hospitales no hay plata.
Para mejorar la justicia de abajo hacia arriba no hay plata.
Ahora… para agrandar la cúpula judicial, ahí sí aparecen los recursos mágicamente.
Y no estamos hablando de dos pesos. Cada nuevo integrante del Tribunal implica sueldazos, asesores, oficinas, choferes, jubilaciones de privilegio y toda la estructura VIP que rodea a los cargos altos. Un gasto obsceno en una provincia quebrada.
Una alta joda garpada por los mismos laburantes a los que después les dicen que “no hay recursos”.
Entonces la pregunta cae sola: ¿para qué carajos amplían realmente el Tribunal?
Y la respuesta es bastante evidente. Esto no parece una reforma para mejorar la justicia. Parece un blindaje político. Una estructura armada para cuidar espaldas cuando termine la gestión y empiecen las causas incómodas.
Porque esta frutinovela en donde todos se hacen los bananas en Argentina ya la vimos mil veces.
Pasó en Formosa.
Pasó en San Luis.
Pasó en Santiago del Estero.
También hubo discusiones similares en Santa Fe y Río Negro.
Siempre el mecanismo es parecido: cuando un gobierno siente que puede quedar complicado después de dejar el poder, empieza a ocupar lugares clave en la justicia. Amplía cortes, acomoda jueces y deja todo atado antes de irse.
El objetivo es simple: conservar influencia judicial. Porque un gobernador puede perder elecciones, perder apoyo político o perder poder territorial. Pero si mantiene operadores dentro de la justicia, nunca queda completamente expuesto.
Ahí está el negocio.
Garantizar que ciertas causas no avancen.
Que algunos expedientes duerman años.
Que determinadas investigaciones jamás lleguen al fondo. Y el costo de todo eso no lo pagan los funcionarios. Lo paga el docente que cobra miseria. Lo paga el judicial que trabaja entre expedientes apilados. Lo paga el hospital sin insumos. Lo paga el vecino que espera años una resolución. Lo paga toda Santa Cruz.
Porque mientras abajo falta absolutamente todo, arriba sobran cargos y privilegios.
Y lo más obsceno es el momento en que hacen esta movida: una provincia paralizada, con bronca social acumulada y trabajadores reclamando lo básico. En ese contexto, gastar millones para engordar la estructura del Tribunal Superior no parece una decisión institucional.
Parece una declaración de principios. Primero se protege el poder. Después vemos qué carajo pasa con la gente.
Y así la justicia deja de ser justicia para transformarse en un refugio político de lujo. Un búnker armado para garantizar supervivencia cuando termine la gestión.
Santa Cruz ya conoce demasiado bien esta historia. Décadas de poder concentrado dejaron una provincia donde política y justicia caminaron demasiadas veces de la mano. Por eso la desconfianza no nace de una conspiración rara. Nace de los antecedentes.
Porque el verdadero poder no siempre está en ganar elecciones. A veces está en controlar quién chucha te juzga después.
Por @_fernandocabrera




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