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"Un monstruo disfrazado de familiar": Ruega por la fecha del juicio de quien la abusó durante 9 años y que pronto recupera la libertad por otra condena similar

Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
Santa Cruz Nuestro Lugar
hace 5 minutos
4 min de lectura

Hola soy Romina tengo 33 años, y fui víctima de abuso sexual gravemente ultrajante con acceso carnal y privación de la libertad por un monstruo disfrazado de familiar.

Durante años me hicieron creer que callar era la única manera de mantener unida a la familia. Hoy sé que callar también me estaba destruyendo.”


Durante muchos años me callé.


Me callé por miedo, por vergüenza y porque era una niña que no sabía cómo poner en palabras lo que estaba viviendo. Pero también me callé porque años atrás, dentro de la familia, parecía que había una regla que nadie decía en voz alta: había que callar para no romper la familia.


Y yo crecí creyendo que tenía que guardar silencio.


Hoy entiendo que la familia no la rompía quien hablaba. La rompía quien hacía daño y quienes elegían mirar para otro lado.


Yo fui víctima de abuso sexual desde los 5 hasta los 14 años. La persona que denuncié es el hermano de mi mamá. Alguien que debía representar un vínculo familiar, confianza y protección. Pero para mí terminó siendo todo lo contrario.


Durante años tuve que convivir con algo que me marcó para siempre.


Y cuando finalmente pude hablar, denunciar y contar lo que había vivido, pensé que había empezado el camino para obtener justicia. Pero ya pasaron casi cinco años y sigo esperando una fecha de juicio.


Cinco años.


Para cualquiera pueden ser solamente cinco años. Para una víctima son cinco años de incertidumbre, de recuerdos, de miedo y de preguntarse constantemente cuándo va a terminar todo esto.


Y hoy tengo un miedo todavía más grande porque sé que esta persona está detenida por otra causa y que esa condena finalizaría en diciembre.


¿Cómo no voy a tener miedo?


Yo necesito que mi causa avance. Necesito una fecha de juicio. Necesito que la Justicia se mueva.


No estoy pidiendo que se saltee ningún procedimiento ni que se condene a alguien sin un juicio. Estoy pidiendo que mi denuncia sea escuchada y que después de tantos años pueda tener la oportunidad de enfrentar este proceso y obtener una respuesta.


Pero hay algo más que me mueve a seguir hablando.


Yo no quiero justicia solamente por mí.


Quiero justicia también por mi hermana, por mis primas y por las demás mujeres que, de una manera u otra, fuimos víctimas de este sujeto. Porque también soy madre de 2 niños los cuales quiero que el día de mañana puedan salir a la calle tranquilos.


Porque cuando una persona que debería ser parte de tu familia utiliza justamente ese vínculo para hacer daño, las consecuencias no quedan solamente en una persona.


Durante mucho tiempo yo pensé que era mejor callar. Hoy sé que mi silencio no me protegió. Solo hizo que llevara el dolor sola durante muchos años.


Y por eso hoy hablo.


Hablo aunque tenga miedo.


Hablo aunque me duela.


Hablo aunque volver a contar estas cosas me haga revivir momentos que durante mucho tiempo intenté esconder.


Porque ya no quiero que la vergüenza sea mía.


La vergüenza no debería pertenecerle a una niña que fue víctima.


Yo era una nena. No tenía la culpa. No podía defenderme como una adulta. Y durante muchos años cargué con una culpa que nunca me correspondió.


También me cuesta muchísimo pensar en la posibilidad de que esta persona vuelva a estar en libertad mientras mi causa todavía espera.


No sé qué va a pasar. Y justamente esa incertidumbre es parte de mi miedo.


La evaluación psicológica incorporada a mi causa dejó asentadas consecuencias importantes y habló de indicadores compatibles con estrés postraumático complejo relacionados con las experiencias que relaté. Eso demuestra algo que yo sé desde hace años: esto no terminó cuando los abusos terminaron.


Las consecuencias siguen.


Hay cosas que quedaron en mí, en mi forma de vivir, de relacionarme, de dormir, de sentir y de enfrentar determinadas situaciones.


Hay heridas que nadie ve.


Por eso hoy necesito que alguien escuche mi voz.


No quiero que mi historia quede archivada en un expediente.


Quiero que se haga justicia.


Y quiero que también se escuche a todas las mujeres que tuvieron que cargar con su propio dolor, con su propio miedo y con sus propios silencios.


Porque durante años él pudo esconderse detrás de una palabra: familia.


Pero para mí, alguien que destruye la infancia y la vida de niñas y mujeres no representa lo que yo entiendo por familia.


Yo durante mucho tiempo lo vi como un familiar.


Hoy, después de todo lo que viví y de todo lo que pude entender con los años, solo puedo pensar en el daño que causó.


Y por eso necesito que mi causa avance.


No quiero seguir esperando.


No quiero que llegue diciembre y que mi miedo se haga todavía más grande.


Quiero una fecha.


Quiero justicia.


Y, sobre todo, quiero que las niñas que fuimos algún día podamos dejar de sentir que tenemos que callarnos para proteger a los demás.


Esta vez voy a hablar.


Y no pienso volver a callarme.

 
 
 

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