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  • Foto del escritorFernando Cabrera

¡Bienvenidos a la dictadura perfecta!

En un mundo donde la libertad parece infinita, la realidad nos confronta con una verdad más sombría. La dictadura perfecta no requiere de tanques ni de toques de queda; su dominio es más sutil, pero igualmente asfixiante. Las palabras WiFi, Netflix, o redes sociales, ¿Te dicen algo?

La nueva opresión no se anuncia con proclamas, sino con susurros que nos invitan a conformarnos con hacer ecologismo, yoga, y pedir por la paz en Gaza desde nuestros hogares. Nos seduce con entretenimiento a la carta y nos adormece con la ilusión de elección. La cultura de masas, con su brillante fachada, nos distrae de las verdaderas obras maestras de la humanidad, relegando el arte y la literatura a un segundo plano.




 

Nos hemos convertido en consumidores pasivos, engullendo lo que el sistema nos ofrece sin cuestionar su valor. La indiferencia se ha instalado en nuestros corazones, y la empatía por el sufrimiento ajeno se desvanece como el eco de un grito en el vacío, por más que lo reafirmemos, una y mil veces, en nuestros estados de Facebook.

 

La dictadura perfecta está aquí y nos ha moldeado a su imagen y semejanza: somos seres que viven para reproducirse y consumir, cuyo único legado es una descendencia igualmente atrapada en este ciclo vicioso. La autonomía es una ilusión; nuestras decisiones, preprogramadas por un sistema que nos conoce mejor que nosotros mismos.




 

En esta era de individualismo exacerbado a través de cualquier filosofía, la idea de una familia numerosa se ve como un desafío a la norma, una locura que desentona con la moderación. Los espacios de encuentro y comunidad, antaño pilares de la sociedad, ahora son meros recuerdos en manos privadas.

 

La dictadura perfecta no necesita oprimir con fuerza cuando el oprimido se ha convertido en cómplice de su propia subyugación. La resistencia no se encuentra en las armas, sino en la voluntad de despertar y cuestionar, en la determinación de sentir y conectar con el dolor del otro, en la audacia de vivir una vida auténtica y significativa.

 

El problema no es si tememos la llegada de una dictadura, sino el asumir que ya estamos viviendo en una sin siquiera darnos cuenta.

Por @_fernandocabrera



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