Fin de semana largo y repentino despertar contra la reforma laboral
- Santa Cruz Nuestro Lugar

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Venían en modo topadora. Flashaban que el 1° de marzo entraban al Congreso con la reforma laboral cocinada, el nuevo régimen penal juvenil empaquetado y la épica libertaria lista para subirla en reels con musiquita motivacional. Todo under control. Todo “histórico”.

Spoiler: les salió como el orto.
La jugada era clara: meter veinte temas a la vez, generar confusión, que discutamos cualquier boludez en la tele mientras el articulado avanzaba como si nada. Mucho humo, mucha data técnica, y el ciudadano promedio diciendo “bueno, será complicado pero necesario”.
Hasta que en el finde largo pasó algo rarísimo en Argentina: la gente leyó.
Y cuando leyó, cayó la ficha.
Porque una cosa es decir “modernización laboral” y otra muy distinta es que si tenés gripe te paguen el 50 o el 75% del sueldo. O que si te estás haciendo quimio te descuenten por faltar. Ahí el verso se pone heavy. Ahí ya no es storytelling, es tu recibo de sueldo llorando en HD.
La cláusula estaba ahí, clarita. No era un glitch del sistema. Estaba junto con el combo completo: horas extras prácticamente licuadas, indemnizaciones recortadas, derecho de huelga acorralado. Todo en la misma línea. Todo con el mismo ADN.
Y cuando el ADN de la ley es que el empleador pueda descontar, no lo arreglás con una “reglamentación”. Eso es como querer cambiarle el final a la serie cuando ya filmaron toda la temporada.
Pero el bardo fue tal que hasta Patricia Bullrich salió a decir que “hubo un error”. Que lo van a “corregir”. Que tranquilos. Mientras tanto, varios aliados empezaron a hacer cuentas políticas y a decir por lo bajo —y no tan bajo—: “Che, esto es invotable”.
Porque bancar el relato anti-casta queda lindo en campaña. Ahora explicarle a tu electorado que avalaste que le descuenten el sueldo a alguien que está enfermo… eso ya no suma likes.
La CGT, que venía en modo protesta light, entendió que el asunto no era un detalle técnico. Un referente sindical lo dijo sin vaselina: si esto sale así, es un paro por tiempo indeterminado. Y no por show. Porque la reforma no es un parche, es una reconfiguración completa donde el trabajador siempre arranca perdiendo.
“Pero podés negarte a hacer horas extras”, dicen. Sí, obvio. En el Excel todo cierra. Ahora probá decir que no cuando la tarjeta está explotada y estás viendo si agarrás un segundo laburo para no quedarte en cero antes del 20. Dale. Contame cómo te fue con esa “libertad”.
Algunos dicen que capaz es un distractivo. Puede ser. En política nadie improvisa tanto. Pero lo concreto es que el paro general ya está arriba de la mesa y el malestar dejó de ser un tuit irónico.
Este fin de semana largo rompió el encantamiento. Como cuando se empezó a pinchar la fantasía de la dolarización y la realidad dijo “hola, soy el precio del supermercado”.
Sí, la sociedad pide caras nuevas. Full recambio. Pero el problema no es solo quién está en la foto. Es qué modelo te están vendiendo mientras te distraen con el packaging.
Porque en medio de esta nube de debates random, memes y panelistas gritándose, casi nos meten una reforma donde enfermarse pasa a ser un lujo premium.
Y ahí fue cuando muchos dijeron: pará.
Una cosa es bancar el cambio. Otra es que el cambio te pase por arriba.
Y mientras todo esto pasa a nivel nacional, en Santa Cruz la cosa no está mucho más prolija. Claudio Vidal viene demostrando una falta de cintura política preocupante. Se trajo el incendio de El Chaltén a todos los frentes: salud detonada, educación en conflicto, seguridad tensionada y ahora un clima laboral que huele a nafta. Cuando gobernar se vuelve apagar incendios que uno mismo ayudó a avivar, ya no es mala suerte: es mala lectura del momento. Y en política, leer mal el humor social no es un detalle… es el principio del desgaste.
Por @_fernandocabrera




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