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  • Foto del escritorFernando Cabrera

La belleza y la desigualdad de las nevadas en Santa Cruz

Santa Cruz se viste de blanco, un espectáculo visual que cautiva miradas. La nieve, impoluta y serena, decora cada rincón con su manto helado. Para el pequeño burgués, provisto de sustento, abrigo y movilidad, la escena es digna de una postal. Los calefactores irradian, el mate con torta fritas humean, y la ventana enmarca la morosa danza de copos que caen.

Sin embargo, esta estampa invernal no es más que un espejismo para muchos. Las mismas nevadas que embellecen calles y plazas se convierten en una amenaza mortal para aquellos desprovistos de recursos. El desempleado, carente de comida y calor en su hogar, ve en cada copo un recordatorio de su vulnerabilidad.




 

La provincia de Santa Cruz enfrenta una realidad sombría: más del 60% de su población lucha contra el desempleo y la pobreza. Por lo que es digno de tener en cuenta las palabras del gobernador que resuenan vacías ante las acciones de sus representantes en el senado. Gadano y Carambia, con su ausencia en votaciones clave como la del RIGI, han facilitado políticas que benefician a unos pocos mientras muchos sufren el frío indiferente de la indigencia.




 

La belleza natural no distingue entre ricos y pobres, pero las consecuencias de su presencia sí. Las nevadas en Santa Cruz deberían ser un llamado a la solidaridad. Un recordatorio para extender una mano cálida hacia aquellos para quienes el invierno puede ser tan cruel como en las páginas de "El Eternauta", donde la nieve es sinónimo de muerte y desolación.

 

En este contexto gélido, no solo debemos admirar la belleza efímera del paisaje nevado sino también reflexionar sobre las realidades dispares que enfrentan nuestros vecinos. La nieve puede ser hermosa, pero también es un reflejo de la urgente necesidad de empatía y acción social.




 

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