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  • Foto del escritorSanta Cruz Nuestro Lugar

Las diez clases de personas que debemos evitar en nuestras vidas

La filosofía estoica, originada por Zenón en la Grecia clásica (siglo III a.C), promueve la búsqueda de la felicidad mediante el dominio propio, la resiliencia y la desconexión de factores externos. Esta corriente nos aconseja mantenernos alejados de diez tipos de individuos que podrían obstaculizar nuestro progreso hacia la serenidad y el conocimiento.

Estos son los diez perfiles que se recomienda evitar:

1. Los precipitados: Sujetos que toman decisiones sin reflexionar, arrastrándonos a consecuencias no deseadas.

2. Los interesados: Aquellos cuyo beneficio personal prevalece, ignorando el impacto en su entorno.

3. Los envidiosos: Seres que no toleran el triunfo de otros, esparciendo su amargura.



4. Los coléricos: Individuos cuya ira perturba la calma colectiva.

5. Los aprovechadores: Quienes manipulan a otros para lograr sus metas, despreciando la voluntad ajena.

6. Los negativistas: Gente que se enfoca únicamente en aspectos desfavorables, obstruyendo el reconocimiento de lo bueno.

7. Los detractores: Personas que critican sin aportar soluciones, con el fin de menospreciar.

8. Los invasivos: Aquellos que no tienen en cuenta los espacios personales ni emocionales de otras personas.

9. Los inmutables: Seres que se oponen a la evolución y a la adaptabilidad.

10. Los conflictivos: Individuos que fomentan disputas sin necesidad, alterando la paz.




 

El estoicismo nos recuerda que cada encuentro es una chance para ejercitar la virtud, enfrentando a los más difíciles con paciencia y comprensión, convirtiendo retos en enseñanzas.

 

La reflexión sobre estos perfiles destaca un problema central: su falta de fiabilidad. La inconsistencia entre sus actos y palabras socava la confianza, esencial en cualquier vínculo. En el estoicismo, donde prevalecen la honestidad y la integridad, la palabra es un pacto sagrado. Quienes no la honran, dañan la confianza y la cohesión social.

 

Ser selectivos con nuestras asociaciones no es elitismo, sino una estrategia para un entorno que nutra el desarrollo personal y colectivo. Rodearse de seres íntegros y virtuosos beneficia a todos, fortaleciendo la sociedad. La confianza refleja la virtud y es la base de relaciones genuinas y profundas.

Por @_fernandocabrera



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