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  • Foto del escritorFernando Cabrera

Pepe Maldonado, Shaila y la Verdadera Vanguardia LGBTQ+ en Río Gallegos

Por @-fernandocabrera

"A Ventarrona que me animó a enfrentar esta difícil investigación"


Mi nombre es Fernando Cabrera, periodista de "Santa Cruz nuestro lugar", y me embarqué en una búsqueda apasionante: desentrañar los secretos del legendario "Bar de Pepe", también conocido como "Shaila", el antro nocturno en donde la comunidad LGBTQ+ de Río Gallegos tuvo un espacio de libertad durante la dictadura militar. Este rincón misterioso me condujo por un laberinto de puertas cerradas y recuerdos esquivos, como si estuviera siguiendo las huellas de un fantasma.

Fotos: Gentileza de Gisela y Daniela Maldonado


Comencé mi investigación visitando la casa en la calle Federico Sphur, justo frente al club Ferro. Allí, en tiempos pasados, el bar brilló con su propia luz. Sin embargo, me encontré con una familia ajena a su estruendoso pasado.

 

Mi siguiente parada fue un café céntrico, donde busqué respuestas entre los recuerdos de un antiguo mozo del Shaila que prefirió el silencio. Quizás la nostalgia lo mantenía callado, o tal vez prefería no remover las cenizas de un pasado que ya no le pertenecía.

 

Sin embargo, la historia comenzó a tomar forma cuando llegué al hogar de las sobrinas directas de Pepe Maldonado. Gisela y Daniela (Maldonado), con ojos llenos de recuerdos, me recibieron cálidamente. Ellas me brindaron las fotos del legendario Pepe y me hablaron de que manejó el bar "Caburé", en 1982, en calle 19 de Diciembre N°60 y que falleció el 22 de Marzo de 2002.

 



Pero una semblanza más completa, acorde con la década del '70, la conseguí de incógnito, en el Bar "Los Vascos", con "L", un testigo que prefirió el anonimato. Él me brindó la clave que buscaba. Entre tragos de ginebra Bols, "L" confesó que el Shaila fue más que un bar para él; fue su verdadero hogar. Y que "como todos" llegó a Río Gallegos para hacer la colimba y se quedó, cautivado por la contención y el sentido de comunidad que encontró en ese lugar. "Allí, salí del clóset", me dijo.

 

"L" recordó con nostalgia cómo el Shaila era un crisol de la sociedad, un lugar donde hombres de todas las estirpes y profesiones -estudiantes, jueces, doctores, abogados, políticos, militares y policías, casados y solteros- se mezclaban en una danza de libertad y aceptación. "Era un lugar donde la identidad podía expresarse libremente, un refugio en tiempos de represión", dijo "L", antes de recordar con picardía la anécdota del comisario que por celar a una travesti "estroló su camioneta contra la fachada del boliche una madrugada". "Inmediatamente salió Pepe y lo arregló todo a las trompadas. Es que era realmente bueno boxeando", agregó entre risas.

 

Pero más allá de todo, ese lugar fue un santuario de arte y cultura, un lugar donde Pepe Maldonado, el "Petiso chileno", pintaba murales que aún hoy evocan la esencia de aquellos tiempos bohemios.




 

"Putos éramos los de antes" - lanzó con orgullo "L"-,  "porque pareciera que la diversidad sexual tuvo un auge en Río Gallegos con ese intento de visibilización que el gobierno de Santa Cruz hizo a inicios de 2023 con la creación de un Ministerio de Igualdad que la gestión actual desarmó; pero la verdad es que la vanguardia de la expresión LGTBQ+ en Río Gallegos se realizó en el año 1976, en plena dictadura militar, en el Bar de Pepe, mi segunda casa, que en realidad se llamó "Shaila", y estaba en la calle Federico Sphur, frente al Club Ferro. Lugar en donde, además del despliegue de jóvenes travestis, la noche cobraba aires de purpurina, labial, rimel, y tacones con el maravilloso transformismo propio de las Drag Queens".

 

"Con la memoria de Pepe nos ocurre algo contradictorio  -dijo frunciendo el ceño-. Todos, hoy, nos llenamos la boca con lo buen tipo que era y nos jactamos de haber sido su amigo; pero nadie se atreve a dar la cara y a hacerle un homenaje como corresponde,con una placa o imponiendo su nombre a una calle porque, claro, está el estigma de que fue un hombre de la noche, ¡como si muchos funcionarios actuales no lo fueran!  La verdad que Pepe fue un legítimo muralista, y un visionario al abrir Shaila, en plena dictadura militar y mantenerla hasta finales de los '90".

 

En este punto, "L" comenzó a mostrar incomodidad. Ya, de por sí, cargaba con la culpa de no animarse a revelar su identidad para esta crónica. "Siento que, como todos en esta ciudad lo estoy traicionando al olvidarlo" por lo que intenté consolarlo diciéndole que "para resarcirnos publicaremos esta crónica". Entonces, me miró a los ojos y, a modo de reproche, me dijo "hace poco leí dos novelas tuyas que hablan mucho de acá y me apenó que en ninguna de ellas hicieras mención de Shaila. "Seguramente lo haré en otro libro", me excusé.

Entonces arrastró hacía atrás la silla para irse, no sin antes pedirme que escribiera que "si no fuera por Pepe, Río Gallegos nunca hubiera tenido brillo, ni razón de ser".

"Muchas gracias por tu tiempo", le dije. A lo que inmediatamente retrucó: " no agradezcas nada y pagá la cuenta".




 

Cuando lo ví atravesar la puerta y salir a la calle, no sentí nostalgia, sino euforia. Tenía entre manos un material digno de cualquier riogalleguense que deseara verse reflejado. Así que corrí a casa para sentarme a mí escritorio a pegarle al teclado, hasta demostrar que el legendario Pepe Maldonado, alias Maldó, no había muerto, y que sigue latiendo en los corazones de los que no dejan de buscarse a sí mismos.


Por Fernando Cabrera

"A Ventarrona que me animó a enfrentar esta difícil investigación"




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