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Pronto el Mundial de Fútbol tapará todas nuestras miserias

  • Foto del escritor: Santa Cruz Nuestro Lugar
    Santa Cruz Nuestro Lugar
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

En Santa Cruz te piden esfuerzo, ajuste, paciencia. El cassette ya lo conocemos: que no alcanza, que hay que ordenar, que el Estado está seco. Mientras tanto, el gobierno de Claudio Vidal agranda la mesa y suma secretarios de Estado como si estuviera repartiendo cartas en un truco largo.

Ahí aparecen el ex diputado Hernán Elorrieta y el ex intendente Mauro Casarini, dos cargos más con sueldos arriba de los cuatro palos. Y como si no alcanzara, también orbitan el ex concejal Juan Carlos Juárez y el ex diputado Sergio Bucci. Todo junto te arma un combo que ronda los 20 millones mensuales, sin contar viáticos, movilidad y toda esa caja elegante que nunca figura en el titular.


Entonces la pregunta cae sola, sin esfuerzo: ¿no era que no había plata?


Porque los propios números oficiales cuentan otra historia. Los depósitos en plazo fijo del Gobierno provincial alcanzaron un pico de 96.596 millones de pesos en enero de 2026, el nivel más alto de toda la gestión. Mientras dicen que no hay plata, los fondos colocados a plazo fijo están en su techo.


Y no es solo un pico aislado. Si mirás la evolución, el crecimiento es brutal: en enero de 2026 los plazos fijos crecieron un 356% por encima de la inflación respecto a enero de 2025. Y si estirás la comparación a enero de 2024, el salto es directamente obsceno: +1.109% por encima de la inflación.


Traducido sin maquillaje: la plata no solo está, sino que crece. Se multiplica. Rinde. Pero no baja a la realidad cotidiana de la gente.


Entonces no es que no hay plata.

Hay plata. Y está trabajando… pero no para vos, querido lector de "Santa Cruz nuestro lugar".


Ahí se rompe el relato. No es escasez, es decisión. Es elegir dónde poner la guita y a quién beneficiar primero. Mientras a la gente le piden que ajuste, el Estado se ensancha. Mientras te hablan de austeridad, ellos se acomodan. Y eso no es solo una contradicción: es cinismo en estado puro.


Y acá es donde la cosa deja de ser solo obscena… para volverse peligrosa.


*El Mundial será la anestesia perfecta*


En Argentina, hablar de religión sin hablar de fútbol es medio hacerse el el sota. Y ya lo había visto clarito Émile Durkheim (1858–1917): la religión no es solo fe, es pegamento social. Es eso que te une casi sin darte cuenta, que te mete en una lógica de grupo donde compartís símbolos, rituales y emociones. Y ahí aparece su concepto más picante: la efervescencia colectiva. Traducido sin vueltas: ese momento donde dejás de ser individuo y pasás a ser parte de una masa que vibra al mismo tiempo.


No hace falta ir a misa para entenderlo. Basta con acordarse de lo que fue la Copa Mundial de la FIFA 2022. Este país fue otra cosa. No importaba quién eras ni a quién votabas. Éramos todos lo mismo. Gente llorando, abrazándose con desconocidos, cantando como si se terminara el mundo. Eso, hermano, es efervescencia colectiva sin filtro.


Pero hay una diferencia clave: la religión te ordena el sentido; el fútbol te desborda la emoción. Uno te dice cómo vivir, el otro te hace sentir que estás vivo. Y los dos, ojo, comparten algo jodido: para que exista un “nosotros”, siempre hay un “ellos”. En religión, en fútbol y en política.


Ahí es donde la cosa se pone espesa. Porque cuando esa energía se mezcla con poder, deja de ser inocente. Se vuelve herramienta.


Y justo da la casualidad —mirá vos qué coincidencia— que estamos en año de Mundial. El oficialismo, tanto el de Javier Milei como el provincial, no es ingenuo. Saben que cuando la gente está subida a esa ola emocional, afloja el pensamiento crítico. No porque sea tonta, sino porque está sintiendo a pleno.


Y cuando sentís a pleno, pensás menos.Y cuando pensás menos… sos más manejable.

Entonces, mientras vos estás con la camiseta puesta, cantando y reviviendo esa épica del 2022, pasan cosas. Se acomodan estructuras, se reparten cargos, se sostienen cajas. Lo que hoy ya es cuestionable —plata inmovilizada en plazos fijos mientras te piden ajuste, cargos políticos que se multiplican— mañana puede volverse directamente invisible.

No es conspiración. Es timing.


Y ahí es donde todo cierra —o todo se vuelve más turbio—: mientras te dicen que no hay plata, la plata crece en el sistema financiero; mientras la emoción colectiva te abraza, la política se reacomoda en silencio.


Y de pronto la pregunta final ya no es económica, es de lucidez:

¿estamos viendo todo… o estamos mirando pa' otro lado?


Porque el Mundial te une, te hace sentir parte de algo enorme.

Pero si no estás atento, también te puede dejar medio ciego.

Por @_fernandocabrera

 
 
 

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